viernes, 30 de mayo de 2014

¿Qué es el Pasado?

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima tercera reunión: 30 de mayo de 2014

¿Qué es el Pasado?

Por María Antonieta Campos Badilla




¿Qué es el pasado?
En 1 Corintios 3: 9 dice: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”
Nuestras vidas tienen un propósito, un plan, una razón de ser dentro de la majestuosidad del universo y la eternidad que Dios ha puesto en nuestro corazón (Eclesiastés 3:11); ninguna de las experiencias que hemos pasado ha sido en vano y todas conducen a un buen fin (Jeremías 29:11). Sin embargo, el pasado no es absolutamente determinante en nuestras vidas, nosotros somos colaboradores de Dios en ese proceso de construcción y como colaboradores podemos decidir qué es lo que hacemos con nuestro pasado.
En el mismo pasaje de Corintios 3, se hace una analogía de nuestra vida con el proceso de construcción de un edificio y con la materia prima que se utiliza para construir. Se nos exhorta a construir con oro y no con hojarasca.
Pero, ¿cuál oro o cuál hojarasca? Por el contexto se me ocurre que el libro puede referirse a lo que tenemos en nuestra mente, a la corriente de pensamiento que decidimos seguir.  “Yo soy de Pablo o yo soy de Apolos”, los corintios discutían sobre la escuela a la que querían seguir, las escuelas de pensamiento que en la época surgían para determinar cuáles de los escritos de la Biblia, y cuáles interpretaciones eran las más “correctas”.  
Recordemos que en la época los escritos de la Biblia eran copiados a mano por los escribas, que cada libro requería de una gran cantidad de ovejas para hacer los rollos en los que se copiaba la información, y que más adelante se utilizaban los papiros, pero que en todos los casos eran personas que a mano hacían copias que se enviaban a cada pueblo y que para difundir el mensaje lo más completo posible se reunía a las personas para leer la palabra a manera de escuelas o grupos de estudio; algunos de los escritos se perdían, otros iban con errores en las transcripciones o traducciones, otros con simples omisiones en la escritura que hacían que las personas discutieran sobre el significado de lo que se había escrito.
¿Quién tenía la razón? A partir de ese momento ya había eruditos tratando de descifrar de la manera más fidedigna el mensaje original de Cristo. Ahora sabemos cuáles libros y cuáles traducciones porque contamos con años de investigaciones de expertos que han comparado todas las copias de los libros de la Biblia y han llegado a la conclusión de cuáles son las ideas correctas con base a los contenidos que se obtienen en común.
Se parece esta antigua discusión a las que se realizan hoy en las universidades sobre las explicaciones filosóficas, psicológicas, sociológicas, antropológicas y sociales en general sobre el sentido de vida de los seres humanos. Y ¿quién tiene la razón? De cierto, el que la tuviera estaría construyendo su vida con oro. La razón, la ciencia, la sabiduría, son materiales valiosos en la construcción de una vida.
Dios es quien hace el diseño, el que labra en nuestra tierra, el que permite en nuestra vida experiencias que nos den oportunidades para aprender, para entender sus propósitos, los secretos muy guardados  y los tesoros escondidos (Isaías 45:3).
¿Qué es el pasado? Nada sino un conjunto de experiencias que se convierten en sabiduría cuando son interpretadas con temor de (amor a, confianza en) nuestro Dios, cuando confiamos en el sentido de nuestra existencia. Nuestra historia con sus experiencias buenas y con aquellas que no son tan agradables es nuestra materia prima y podemos escoger una construcción de carbón o de diamantes.
En la vida usted tendrá muchos materiales para escoger. ¿Qué quiere pasarle a Dios?, ¿oro u hojarasca?, ¿el resentimiento y el temor o sagacidad para protegerse y la valentía que son producto de las experiencias difíciles?, ¿la amargura o la libertad que da el perdón ante los recuerdos dolorosos?, ¿desesperanza o positivismo y capacidad de adaptación ante la frustración por lo que no ha salido como esperaba?
Hay muchas maneras de enfrentar los problemas, hay muchas formas de asumir el pasado; usted puede decidir que sus recuerdo los derroten o le enseñen, usted puede dejar que las palabras que le dijeron lo(a) hagan sentir pequeño(a) o que simplemente le recuerden que hay otras personas que se sienten pequeñas y tratan de ofender a los demás, ante esa circunstancia usted puede recordar que su esencia no depende de lo que otros digan, sino de la obra maravillosa que Dios hace en usted, de su gran propósito.

Construir con oro es eso, mirar en la materia prima que le han dado sus experiencias y decidir tomar aquellas enseñanzas que son más positivas para la construcción de su vida. Recuerde que el mismo pasaje de 1 de Corintios 3 nos dice “todo es vuestro”, todo el conocimiento y la sabiduría de Dios estarán en usted por medio del Espíritu Santo para ayudarle a escoger lo mejor. ¡Sea la mejor colaboradora de Dios!, escoja con cuidado las palabras y pensamientos que quiere rescatar de su pasado, y que su tiempo para recordar y para pensar en el presente o en el futuro sea invertido con sagacidad escogiendo “lo mejor del trigo… la miel de la roca” (Salmo 81:16). 

viernes, 23 de mayo de 2014

Dejarse llevar por la corriente de vida eterna

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima segunda reunión: 23 de mayo de 2014

Dejarse Llevar por la Corriente de Vida Eterna

Por María Antonieta Campos Badilla

¿Qué es la fe? La Biblia dice que es "La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve". Pero, ¿qué se espera?

La mayoría de las personas esperamos ser felices, ser amadas, estar saludables, tener todo lo necesario para satisfacer nuestras necesidades básicas y las de nuestra familias; quizás, tener un poco más para disfrutar de algunos gustos y placeres. Algunas personas desean tener pareja, tener hijos, viajar, un carro, una profesión, un mejor trabajo. Sobre todo queremos que las personas que amamos estén bien, que estén cerca, que sean felices. En fin, queremos una vida en constante desarrollo.

¿Puede la vida no implicar desarrollo? ¿Podemos dejar de crecer y estar mejor? Veamos los bosques, sus árboles viejos caen y donde dejan un espacio de luz crecen nuevas y mucho más diversas plantas y el bosque se desarrolla; y si en este hay un incendio las cenizas vuelan en el aire y llevan minerales que alimentan el plancton de los mares produciéndose más oxígeno para el planeta que en ninguna otra circunstancia. El planeta se desarrolla y crea nueva vida cada día.

La naturaleza es generosa, porque la mano de Dios es generosa también. Así pues, de cada circunstancia difícil que enfrentamos Dios nos da bendición que sobreabunda. La naturaleza y todo el universo están conectados en una corriente de vida y abundancia eternas, ríos de bendición que nos llevan a un precioso mar de cristal. 

Somos parte del todo viviente, el que se reproduce y renace, el todo de energías que se transforman y se renuevan una y otra vez en una danza eterna de luz y amor.

Con esta fe, podemos proclamar sobre nuestro futuro toda clase de bienestar, a nuestro presente podemos concebirlo con visión y con esperanza, y a nuestro pasado podemos hallarle sentido en la ruta hacia la libertad y la plenitud perfectas que estamos recorriendo. Así es como las palabras de Salomón cobran significado real: "Todo lo que fue, ya es; todo lo que ha de ser, ya pasó; y Dios restaura lo que pasó".

Cuando nos dejamos llevar por la corriente de la vida eterna, cuando descansamos en la perfecta voluntad de Dios y somos capaces de contemplar la vida como una serie de sucesos de bendición, cuando recibimos toda circunstancia con la alegría de quien recibe un regalo envuelto--un  regalo que ha sido dado con amor, entonces, logramos descansar y disfrutar; es entonces cuando nos damos cuenta de que el temor del futuro es una vana ilusión, una mentira que nubla nuestra visión eterna.

No hay ninguna voluntad maligna en Dios ni tampoco hay ningún mal deseo en la energía que mueve el universo, no hay nada impuro ni maligno que no haya sido vencido por el amor perfecto del Dios viviente.

Dios es amor, Dios es paz eterna, Dios es abundancia y benignidad, es santidad y es gozo. Dios es el perfecto, "el que todo lo llena en todo", "en él somos, vivimos y nos movemos". Nuevamente les digo, que si tenemos la capacidad de ver el todo, la eternidad, la magnificencia y la grandeza de su amor, nuestras experiencias temporales se vuelven pequeñas, aventuras breves que transforman nuestra vida para encaminarla a nuevas y mucho mejores circunstancias cada vez.

viernes, 2 de mayo de 2014

Esperar Cosas Buenas

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Undécima reunión: 2 de mayo de 2014

Esperar Cosas Buenas

Por María Antonieta Campos Badilla

Asiste a nuestro grupo de las Tardes de Manualidades y Café una mujer de gran valía. A sus casi 85 años, ella es ese tipo de mujer afable que logra mantener amistades desde su juventud. Otras mujeres la buscan en su casa de cuando en cuando. Nunca falta la que llegue sin avisar y se quede un ratito con ella a la hora del café. 
La buscan porque es atenta, porque trata bien a todas las personas. Habla con la misma cordialidad con los ancianos de su iglesia que con los profesionales, con los técnicos, y también con los mensajeros, los vendedores y los misceláneos; y a todos, sin excepción, les ofrece su mejor taza de café con algún bocadillo.
Además, tiene la particularidad de disimular las debilidades y resaltar las cualidades y las oportunidades de los demás. Tiene apertura de mente, tanto que sus amigas pertenecen a diferentes tipos de grupos: a su vecindario de juventud, a su escuela, a sus relaciones de amistad durante su adultez joven, a su iglesia, etc. Su grupo es amplio, heterogéneo y en estable crecimiento.
Sobre todo la buscan porque sus palabras dan esperanza y aliento al cansado. Y a partir de su ayuda es que relato mi historia: 
Hace algunos años, en plena crisis económica mundial, me urgía encontrar un trabajo adicional. Preocupada y desalentada tuve la oportunidad de conversar con Luz, quien conocía bien mis atestados y mi experiencia profesional. Ella bien sabía que mi formación (académica y personal) era más que suficiente para ser una "profesional exitosa", por lo menos eso hubiera prometido la modernidad; pero los tiempos estaban cambiando y aunque me había preparado en dos carreras diferentes, y además había estudiado inglés y algunos programas de computación, algo más hacía falta. Ella me dijo: "Algunas veces las personas necesitan, además de preparación, un golpe de suerte; yo voy a orar para que Dios le conceda un golpe de suerte".
Ese día comencé a creer lo que en reflexiones de semanas anteriores les he escrito: Dios quiere cosas buenas para nosotros y podemos esperarlas. En menos de un mes de oraciones de amor me llamaron para trabajar en uno de los puestos más reconocidos que he tenido a nivel laboral; comencé allí mi carrera en el área de la administración educativa pues sin esperarlo me nombraron decana de una facultad universitaria; aprendí de todo: administración, diseño curricular, reclutamiento, selección, contratación, procesos de inducción, capacitación docente, diseño y administración de programas y cursos virtuales, asesoría y atención al estudiante en su proyecto de vida profesional, resolución de conflictos, establecimiento de alianzas empresariales, internacionalización de programas académicos y otras muchas tareas que antes ni sabía que existían y que ahora me permiten desarrollarme en el mundo de los servicios de atención psicoeducativa de una manera muy diferente. 
Aprender de cero fue un proceso muy duro, y algunas dificultades externas se presentaron en el camino. Sin embargo, por difícil que fuera el proceso de aprendizaje, y a pesar de algunas lágrimas que me sacó, este proceso era parte de mi golpe de suerte, y era necesario para que luego Dios me permitiera llegar donde yo quería: a desarrollar un emprendimiento propio según mi visión y misión personal. Las Tardes de Manualidades y Café son parte del producto de aquella petición de amor de nuestra amiga.
La suerte (o la oportunidad) no es opuesta al esfuerzo, no es opuesta al mérito, sino un buen complemento. Cuántas mujeres y hombres maravillosos conocemos que aún no encuentran pareja, cuántos profesionales excelentes que pasan desempleados un buen tiempo hasta encontrar un nuevo puesto laboral, cuántos trabajadores esforzados y honestos que parecen tardar más años que otros en prosperar. Les aseguro que a estas personas no les falta nada, no es que estén haciendo las cosas mal; al contrario, nosotros sabemos que son excelentes, maravillosos y merecedores de todo lo que nos parece mejor en el mundo. Lo sabemos sin duda: Para todos ellos hay un plan divino, algo que les hará llegar a la situación esperada más tarde o más temprano. 
Claro que es más fácil creer en lo que vendrá para otros que en lo que vendrá para mí. Pero todos lo sabemos, sabemos que la respuesta vendrá y que será positiva, algo mucho más especial "de lo que pedimos y entendemos". Sí, el esfuerzo honesto, la fe y el amor, tienen buen fruto siempre.
Algunas veces con sólo esforzarnos, la bendiciones vienen. Otras veces nos esforzamos sin respuesta por un tiempo, pero la cosecha vendrá, nada más es cuestión de esperar, de descansar por un rato mientras el ángel nos resguarda como nos lo dijo Daniel Campos en su comentario a la reflexión "Tiempos de Quietud". Pero algunas veces, lo que hace falta es "clamar por" y "creer en" ese precioso golpe de suerte.
"Jehová sustenta mi suerte" y yo le creo. Yo decidí creer en sus promesas, decidí que cada vez que temo, llevo a Él mis inquietudes y las dejo con Él; luego simplemente pienso en cómo de la nada Él ha abierto camino para mí y me ha dado bendiciones que no existían. 
Por ejemplo, de la nada creó un buen puesto laboral; ¿que si yo había hecho méritos para tenerlo?, sí, pero nadie puede decirme que por muy buena profesional que yo fuera no existía la misma posibilidad de que llamaran a otras personas para ocuparan mi cargo, yo no lo había buscado, yo no había pedido trabajo en ese lugar, de la nada me llamaron porque a Él le plació. 
Otro gran ejemplo es cómo de la nada me dio el más maravilloso esposo que hay en el mundo; no lo busqué yo, Él llegó de repente al dintel de mi puerta cuando yo rondaba los 38 años, lo digo literalmente: Él llegó al dintel de la puerta de mi oficina a hablarme en un momento en el que yo estaba tan ocupada que no podía pensar en tener pareja. De la nada un hogar con una bella adolescente que nos acompaña y alegra cada día; de la nada y sin que tuviera que yo tuviera que esperar nueve meses o dieciséis años. De la nada me dio mascotas, paseos, actividades culturales y sociales que antes no existían en mi vida. De la nada me dio el más grande amor terrenal que hay. 
No he hecho yo grandes esfuerzos; les había contado en la reflexión anterior que a mí ya me habían recomendado: "Antonieta, no hay que hacer grandes esfuerzos". Pues desde que creo que Él sustenta mi suerte, ya no hago tantos esfuerzos. 
Reconozco que aún me afano por algunas cosas que no debiera y, en esos días, me canso más de lo recomendado, pero no tanto como antes, no, ahora levanto mi voz y doy gracias por las bendiciones que vienen. Ahora sí me animo a creer que la gente me va a ayudar, que Dios me va a rodear siempre de personas bondadosas que compartan su amor, que la salud y los bienes materiales también están allí para que yo los disfrute, que la vida me ha dado, me da y me dará siempre suficiente bienestar, todo lo que necesito; lo que anhelo sí vendrá. Ahora cuento mis bendiciones del presente y no dejo que lo que no ha llegado aún opaque la gran obra que Dios está haciendo, creo y no dejo de decir lo bueno que vendrá.
Sí vendrá, no por merecimiento sino por suerte, no por merecimiento sino por gracia, por regalo; ¿acaso no nos ha dado Dios todo por regalo? Yo planeo mi futuro y trabajo por él, pero trabajo en el presente, disfrutando las bendiciones del presente, no me desgasto por mi futuro porque el futuro glorioso que espero viene solo, por suerte, por gracia, por regalo.

Dios es bueno y Él es quien sustenta mi suerte, por lo tanto yo espero cosas buenas.

jueves, 24 de abril de 2014

Desarrollar belleza interior... y exterior


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TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima reunión: 25 de abril de 2014

Desarrollar belleza interior... y exterior

Por María Antonieta Campos Badilla

Hace algunas semanas una hermosa compañera de nuestras Tardes de Manualidades y Café hizo el siguiente comentario: "Creo que sintiéndome hermosa por dentro me veré más hermosa por fuera". 
¡Ella tiene razón! Es tan bella por dentro como lo es físicamente, tanto que a sus más de ochenta años aparenta sesenta; es delgada y ágil, su piel es tersa y morena, su cabello abundante y negro, y sus ojos oscuros contienen las dos estrellas del cielo más brillantes que se han visto; es también amable y callada, siempre dispuesta a dedicar su tiempo a los otros para hacerlos sentir mejor cuando están en necesidad. Pero nuestra amiga quería sentirse más bella y para eso era necesario fortalecer más el ser interior.
Recordé entonces un cuento que me relataba mi madre en la niñez, un cuento sobre tres gallinitas de diferentes colores que competían por el título de "la gallinita más linda de la granja". Como sucedería en la mayoría de cuentos de valores para niños, después de una gran lista de aventuras, el Gran Búho Sabio del bosque determinó que la gallinita más bella era la que se había detenido en su carrera para ayudar a otros animalitos del bosque. 
Cuando un adulto escucha una historia como estas ya presume el final, y no le sorprende la magia de las aventuras que sí encuentra el niño cuando descubre que es más hermoso el que se preocupa por actividades más profundas de vinculación y solidaridad social. Peor aún, el adulto escucha el cuento y su vida no cambia a partir de este.
¿Acaso será que, a pesar de los múltiples cuentos de valores que escuchamos cuando pequeños, ha pesado más la presión de los medios de comunicación sobre la belleza externa? Con múltiples estímulos la televisión, las revistas y la publicidad nos enseñan que belleza es sinónimo de  ser altos, delgados, con el cabello terso, brillante y abundante, bien peinados, los ojos grandes, la nariz delgada, y los colores de la piel, los ojos y el cabello también con ciertas predilecciones en cuanto a sus tonos y combinaciones; para los medios ser "hermoso" es ser simétrico, bien balanceado, con cintura bien marcada,  con una estructura ósea y muscular alargadas y bien demarcadas; por lo menos, esto es lo que premia la farándula y el mercadeo y eso es lo que nos enseñan a admirar. 
Nos enseñan que aquellas personas que cumplen con estos estándares son más exitosos; de hecho es cierto que el ser humano en sus prejuicios tiende a confiar más en personas desconocidas de hermosa apariencia y a rechazar a quien no ande "bien presentado"; y puede ser cierto que muchas personas actúen con base en estos prejuicios, pero también es real que existen muchas personas que no cumplen con los estándares mencionados y aun así son admirados y amados por todos, o casi todos; son personas felices que no se han dejado atrapar por los mensajes de una sociedad de consumo que conviene al enriquecimiento de unos pocos. 
En lugar de desmitificar conceptos como estos y educar a las personas para que aprendan a valorar lo que es realmente importante y a protegerse de quien y cuando es realmente necesario, los medios de comunicación educan para seguir reproduciendo un patrón infructuoso de auto-defensa y discriminación del que es diferente. 
Vean este ejemplo: Ahora están de moda los "reality shows" en los que se les enseña a las personas que si cambian su manera de vestir se van a sentir "más satisfechos consigo mismos" y van a tener una "mejor autoestima", programas con una aprobación tan marcada del prejuicio que se atreven a desechar la ropa de los otros con burla y una especie de crueldad; también están aquellos programas en los que usted debe hacerse cirugías plásticas si tiene algún complejo bajo el supuesto de que así logrará "ser feliz". Existen los programas que promueven la delgadez diciéndole a las personas que tienen sobrepeso porque han sido perezosas y que ahora "deben sufrir" por ello. Estos programas utilizan la "culpa"  y la discriminación social como formas de control sin resolver el problema de fondo: la necesidad de desarrollar actitudes flexibles para la aceptación incondicional del valor humano y para el cuidado personal consecuente.
Muy pocos hablan de los muchos estudios científicos que demuestran que el proceso de desarrollo de belleza es inverso al que promueve la sociedad de consumo, casi ningún medio resalta el hecho de que las personas con mejor autoestima y que se sienten más amadas en su entorno logran desarrollar recursos para mejorar sus hábitos alimentarios, hacer ejercicio, dedicarse tiempo por las mañana para vestirse y arreglarse bien, etc. 
Las personas que se desarrollan en ambientes de aceptación incondicional del valor del ser humano son las que logran sonreír en circunstancias difíciles y mantener esperanza, son las que por ello al vestirse con ropas sencillas se ven hermosas, son las que abrazan y dicen palabras agradables, son, por lo tanto, las más hermosas.
Difícilmente se diría que Jesucristo, Ghandi, o la Madre Teresa de Calcuta, tenían problemas de autoestima, o que no se sentían suficientemente hermosos y satisfechos consigo mismos por no cumplir con los estándares de vestimenta y apariencia que nuestros medios de comunicación promueven. ¿Qué creen ustedes? ¿Será que ellos podían ser felices porque tenían un espíritu fuerte, pero al resto les toca vestirse con sedas para consolarse?, ¿será que la fortaleza de espíritu está limitada para algunos?, o peor aún, ¿será que el que no tiene belleza física debe dedicarse a cultivar su espíritu pero las personas hermosas no lo necesitan?
¡Cuidado!, es cierto que es más difícil sacar tiempo para orar o meditar, para prepararse y disfrutar de alimentos sabrosos y nutritivos todos los días y hasta compartirlos con aquellos que se aman, o para ayudar a otros y crecer en familia, en grupo o en comunidad; todo eso es más difícil que sacar tiempo para ir de compras o invertir en un buen tratamiento de belleza. Pero por mucho que los medios de comunicación y los exitosos negociantes quieran promoverlo, la belleza y la felicidad no se consiguen con dinero ni con bienes materiales. ¿No es ese el fin de todo lo que queremos: ser hermosos para tener aceptación, y tener aceptación y éxito para ser felices? 
El que no se siente hermoso no lo va a hacer aunque adelgace, a menos de que trabaje en su interior, en "hacer tesoros donde ni la polilla ni el orín corrompen" (Mt. 6:19). El que no se acepta a sí mismo como es, no va a ser aceptado por lo demás de manera genuina. La felicidad real descansa en el desarrollo de una belleza interior, no exterior, y ¡es un hecho!, las personas que se sienten hermosas por dentro se ven radiantes y maravillosamente bellas por fuera.
Cómo se construye la belleza interior, sin embargo, es una paradoja, porque la belleza interior sí se construye afuera algunas veces: cuando ayudamos a otros compartiendo lo que tenemos, cuando pensamos en las necesidades de los demás y ajustamos nuestras actividades para que todos estemos satisfechos, cuando pensamos en el peso que nuestras palabras tienen en la vida de nuestros vecinos y procuramos decirles siempre cosas agradables. Otras veces, la belleza interior demanda nuestra atención personal en soledad y la dedicación de tiempo  y esfuerzo al fortalecimiento de nuestra fe.

Cualquiera sea su creencia, su fe, su sentido de vida, recuerden fortalecerla y ponerla como prioridad ante los mensajes de los medios de comunicación; construyan su belleza dentro de ustedes y en una vinculación social sensible y genuina; ámense a ustedes mismos busquen amigos que realmente lo sean porque los aceptan sin condiciones. La belleza externa vendrá por añadidura.

viernes, 18 de abril de 2014

Tiempos de Quietud

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TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Semana Santa: 18 de abril de 2014

Tiempos de Quietud
Por María Antonieta Campos


Hemos reflexionado sobre los pequeños cambios que podemos hacer en nuestros pensamientos (palabras), nuestras conductas, nuestras emociones y nuestra vinculación social; hemos hablado de dedicar ciertos momentos del día para atendernos, atender a nuestras familias y seres queridos y atender la presencia de la divinidad creadora. Hemos establecido que es bueno administrar una agenda suficientemente organizada como para que nuestras necesidades sean atendidas de manera integral: "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora" (Eclesiastés 3:1).
También es muy importante cuidar el tiempo de descansar, dedicarnos un tiempo de quietud con esperanza.
Recuerdo aún con impacto las palabras que me dijo mi psicóloga cuando estaba llevando el proceso terapéutico que es parte fundamental de la formación de cualquier psicólogo responsable. Ella me dijo: "Antonieta, no es necesario hacer muchos esfuerzos". 
Este ha sido, quizás,  uno de los retos más grandes de mi vida. No es fácil dejar de trabajar en algunos momentos del día y permitirle a mi cuerpo recuperarse, y es que es por alguna razón me es difícil creer que "todo viene por añadidura". He tenido que hacer esfuerzos conscientes por cambiar mis pensamientos y poner en práctica mi fe. Cuando tengo dificultades en esto, recuerdo algunas promesas bíblicas: 
"Mirad las aves del cielo que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre que está en los cielos las alimenta...Mirad los lirios del campo, no trabajan ni hilan, y ni aún Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos; y si a la hierba del campo que hoy es y mañana es echada al fuego, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombre de poca fe?" (Mateo 6:26)
En tal mensaje está muy clara la esencia del valor humano, es el valor del amor que todo lo entrega, el valor mismo de la vida de Cristo. 
Pienso que el valor de la vida es natural, somos parte y esencia de la naturaleza generosa, abundante y nutritiva que nos rodea, somos parte de la vida que se sostiene, se transforma y se expande en la creación. En nuestra esencia está la provisión, porque es la misma esencia de nuestro entorno, el que contiene todo lo que necesitamos. Nuestro entorno nos proveerá alimento, vestido, techo, amor, salud. Nuestro entorno lo hará como fue planeado originalmente, el funcionamiento perfecto de la creación que Cristo vino a restaurar.
Es la fe, el ungüento de sanidad que usó Cristo para recuperar las heridas que el ser humano ha causado al mundo natural,  o la tuerca que puso todo el mecanismo universal de nuevo en balance.
Por eso termina el versículo que he citado con la frase "hombres de poca fe"; por eso en otro pasaje dice "si tenéis fe como un grano de mostaza diréis a este monte: Pásate de aquí y se pasará, y nada os será imposible". (Mateo 17:20)
Hay momentos en los que hay que detener la rueda agresiva y avasalladora del mundo de la producción material y comprender que  no hay que hacer grandes esfuerzos, no hay que ganarse o merecer los milagros, no se puede; esos son los momentos en los que lo único que queda es esperar con fe; son los tiempos de descansar. Para sobrellevar los períodos de espera, es necesario que aprendamos a disfrutar de la quietud y del hecho de que, aparentemente, nada diferente esté ocurriendo, nada que prometa cambiar nuestro entorno en algo mejor. En ciertos momentos es necesario aceptar la quietud del mundo material para comprender en el mundo espiritual; luego, cuando sea necesario, vendrá a nosotros la sabiduría y la fuerza para movernos de nuevo; pero en estos momentos es necesario aceptar que debemos estar quietos. 
En estos momentos, necesitamos ser conscientes de que sí están ocurriendo muchas cosas; para empezar, a nuestro lado, dentro de nosotros y rodeándonos está nuestro Dios de amor y es necesario que nos hagamos conscientes de su presencia; está el Espíritu Santo clamando por nosotros, por nuestro bienestar; Jesús está a la diestra del Padre que "no se ha acortado" y que promete ayudarnos (Isaías 50:2) están los ángeles que luchan por nosotros y por los cuales la Biblia cita "no tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos" (II Reyes 2:16), refiriéndose "los que están con nosotros" al ejército de los cielos, y refiriéndose a "los que están con ellos" a nuestro problemas y las fuerzas negativas que nos quieren abatir. 
Pasan muchas cosas en el mundo espiritual y todas son en nuestro favor, porque "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:28). Y algunas veces simplemente es necesario que nos quedemos quietos; en II Crónicas 20:17 dice: "No habrá para qué peleéis en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros", y en Isaías 30:15 dice: "En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza". 
En términos de nuestro bienestar básico, de nuestra provisión cotidiana de alimento, vestido, protección y amor, la mayoría de veces aplica esta regla: debemos trabajar hasta donde la energía nos lo permita, no más, sin hacer sacrificios sino, más bien, disfrutando de lo que podemos dar, y luego confiar en que todo lo demás vendrá. Eclesiastés 9:10 dice: "Todo lo que te venga a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas", y en el capítulo 3, verso 22: "no hay cosa mejor que alegrarse el hombre con lo que hiciere". También dice otro pasaje: "En paz me acostaré, y así mismo dormiré; porque sólo tú, mi Dios, me haces vivir confiado". (Salmo 4:8)
Los motivo esta semana a disfrutar de lo que hagan, a hacerlo con deleite, sin muchos esfuerzos pero con demasiada alegría; y luego a descansar, confiar y esperar con fe. La cosecha la dará el Señor, en el lugar y el momento que sean más oportunos para nuestro bienestar. La victoria en nuestras luchas ya ha sido alcanzada por Cristo Jesús.




miércoles, 9 de abril de 2014

Los Pequeños Cambios Provocan Grandes Mejoras

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Novena reunión: 09 de abril de 2014

Los Pequeños Cambios 
Provocan Grandes Mejoras
Por María Antonieta Campos


¿Y qué pasa cuando se ha esperado por mucho tiempo y la respuesta no parece estar cercana? ¿Qué del que tiene mucho tiempo esperando una clase de amor especial, una oportunidad de prosperidad, un cambio en sus oportunidades de vida que haga de su día a día una experiencia esperanzadora?
Hay momentos, en que las personas se sienten muy cansadas y desesperanzadas, sobre todo después de una larga espera que parece infructuosa. 
Pues bien, para provocar cambios grandes hay que hacer cambios pequeños. Aquí les propongo tres tipos de cambio: 
El primer cambio es en la mente y en el espíritu, y ha hemos visto que para ello es necesario proclamar palabras diferentes a las que hemos venido diciendo, palabras positivas y esperanzadoras, racionales sí pero con un contenido de oportunidad. Las palabras son poderosas pero cuando estamos desesperanzados tendemos a proclamar el riesgo y no la oportunidad, y con ello limitamos nuestras posibilidades de sentirnos bien para actuar de manera productiva. Cuando la Biblia dice "Estad siempre gozosos, orad sin cesar, dad gracias en todo..." (I Tesalonicenses 5:16-18); se refiere precisamente a esto: proclamemos las bendiciones que van a venir para para nosotros y demos gracias por ello, hagámoslo en voz alta, y SIN CESAR, es decir de manera constante e independiente a lo que estamos viviendo.
El segundo cambio también lo hemos conversado un poco: Es necesario hacer esfuerzos diarios por vincularse con los demás; sacar tiempo para salir con un amigo, escribirle a las personas que están lejos y , sobre todo, compartir tiempo de juego y entretenimiento con nuestra familia (cercana o lejana, la familia que tenemos es la que Dios nos ha dado y hay que dedicarle su tiempo para que se fortalezca y crezca).
El tercer cambio es pequeño y es material: Cambie algo en su rutina, cambie sus muebles, limpie los rincones, elimine todo lo viejo de su casa, regale la ropa que no está usando... Más allá de las explicaciones energéticas que podrían ser difíciles de entender para quienes carecen del paradigma teórico del feng shui, pensemos que la limpieza, el orden, el espacio y el aire fresco son fundamentales para nuestra salud física y mental.  Hacer es fundamental para mantener nuestra mente activa y ocupada y, si hacemos, todo lo que movamos provocará grandes cambios en el gran todo universal al que estamos vinculados; el universo se moverá con nosotros, entonces movámonos y obliguemos a nuestra mente a ocuparse en actividades de bienestar cotidiano; será maravillosa la sensación de satisfacción posterior, cuando nuestra mente haya logrado resolver un problema pequeño de espacio, cuando nuestra refrigeradora esté llena de alimentos limpios y saludables, y cuando nuestra mesa de noche tenga sólo aquellas cosas que nos permitirán consentirnos por la noche. Finalmente recordemos que dar es fundamental para recibir, la poda es el antecedente de un mayor crecimiento, "echa tu pan al agua y en una ola regresará medida buena, apretada, remecida y rebosante"; lo que no usamos no debemos retenerlo porque alguien más en este mundo lo requiere, y a los espacios que queden libres llegará algo nuevo para ocupar su lugar.
Cuando aprendamos a mantener nuestra rutina en constante movimiento, con actividades de cuidado integral para nosotros mismos y para los demás, el universo comenzará a moverse con nosotros para traernos todo aquello que nos haga falta.
Para terminar un versículo que puede ayudarnos a iniciar esta pequeña cadena de cambios cotidianos, que provocará grandes cambios en nuestra vida:
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas todas vuestras peticiones, en toda oración y ruego y con acción  de gracias, y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús." Filipenses 4: 6-7.

viernes, 4 de abril de 2014

Ser Constantes en el Amor


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TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Octava reunión: 4 de abril de 2014

Ser Constantes en el Amor
Por María Antonieta Campos


Esta meditación ha sido escrita especialmente para aquellos que tienen algunas dificultades para controlar sus emociones, para aquellos que presentan ansiedad, depresión, dolor, insomnio o cualquier malestar crónico, aquellos que saben que en su vida han tenido que hacer grandes esfuerzos para sentirse bien de manera más o menos permanente. Es decir, este es un mensaje para casi todas las personas.

Si hemos hablado de trascendencia y sentido de vida como la posibilidad de ser conscientes de que estamos absolutamente unidos a toda la creación por medio del amor, y si hemos aprendido que no podemos ser sin estar conectados en amor; entonces también debemos concluir que necesitamos sabernos y sentirnos amados.

No puede una célula nutrirse sin estar pegada al cuerpo, no puede una persona trascender (hacerle bien al mundo) sin estar vinculada a otros en amor.

Y ¿qué de aquellos que se sienten solos, de los que carecen de una mano que los conforte por las noches, de los que sienten lejanos a los que se encuentran cercanos? Pues son esos, precisamente los que deben visualizar su trascendencia con mayor urgencia.

Nadie realmente está sólo, aunque es nuestra naturaleza humana sentir que algo nos falta. Algunos le han llamado a esta sensación “soledad existencial”, es esa sensación que está allí y nos hace conscientes de nuestra individualidad a pesar de estar rodeados de millones de personas. Pero el que trasciende se sabe también parte del todo, y al visualizar al todo, encuentra a las personas que le aman: quizás son aquellos que le vieron nacer, quizás son los que le alimentaron, podrían ser los que le admiraron pero nunca se atrevieron a decirlo, tal vez sean que aquellos que le esperan en otro país y que le recuerdan todas las noches; también, puede ser que sean los que ya han partido y le esperan en la eternidad. Todos tenemos alguien que nos ha dado amor y todos podemos establecer más vínculos perdurables en amor.

Si quienes me aman, no lo pueden hacer como yo quiero, quizás sólo debo visualizar mi trascendencia; el amor vendrá de forma natural, porque sembrar amor con libertad sólo significa tener la disposición de ver el amor que sí estoy recibiendo:

En primer lugar veré el amor indiscutible del Dios creador al posicionarme frente a Él y admirar su majestuosa y perfecta creación; perfecta para darme vida y dejarme ver la vida, perfecta para sentir Su presencia en cada respiro. La vida hay que aceptarla y recibirla con amor; la mirada y el amor de Dios hay que sentirlos silenciando a nuestra alma con una respiración lenta, profunda y constante, en silencio.

Además, sembrar amor para cosecharlo significa amarme primero, y si me amo, si me acepto de forma absoluta e incondicional en mi soledad, el universo se volverá hacia mí para amarme. Me amará todo el universo, todas las personas, pero sobre todo yo. Si yo acepto y valoro el amor que me estoy dando como suficiente para respirar con alegría una vez más, entonces mi mano se extenderá para tomar la mano del otro con más facilidad.

Este es el tercer amor que hay que atreverse a recibir, el que parece a veces pasajero porque unas personas vienen y otras se van; pero si trasciendes verás que siempre habrá una mano-un corazón con el cual conectarse. Una carcajada, una palabra amable, una persona a la que le guste ir al cine contigo, o escribirte un e-mail puede ser suficiente para volver al respirar el aliento de vida.

Busca ese aliento, búscalo con constancia; si llevas años haciéndolo no te rindas, prueba de nuevo: respira en la presencia del amor de Dios, ámate y acéptate en tu soledad, busca compañía y aprecia más, demanda menos, acepta a quienes tienes a tu lado y que te han dado alguna señal de amabilidad e interés, búscalos, cuídales, fomenta vínculos de amistad saludables, dedica tiempo a esas relaciones.

Son tres tiempos fundamentales en tu vida: tiempo con Dios, tiempo amándote en soledad y tiempo para compartir experiencias positivas con otros. Saca un pequeño momento cada día para cada una de estas actividades; sé constante, el amor vendrá de forma natural.


Una última idea: No te detengas, ni tampoco te desgastes, sólo sé constante en dedicarte a estos tres momentos en el día, recuerda que las leyes del universo pueden ser extrañas pero siempre funcionan: algunas veces sembramos amor en un lugar y lo cosechamos en otro, pero siempre hemos de cosechar lo que hemos sembrado.