sábado, 12 de julio de 2014

Hacer un plan de salida y dejar las cargas atrás

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima sexta reunión: Guadalupe, 12 de julio de 2014


Hacer un plan de salida y dejar las cargas atrás
Por María Antonieta Campos Badilla



Hace unos días me preguntaban, sobre el pasado, que si era necesario perdonar y seguir atendiendo y cuidando a las personas que nos han hecho daño. Recordé entonces una encíclica del Papa Juan Pablo II en el que él definía el perdón como la decisión de no cobrar (o vengarse) por un daño recibido. 
Estoy muy de acuerdo con esta visión y, en oposición, suelo contradecir a algunos líderes religiosos que dicen que perdonar es lo mismo que olvidar; esto no es cierto, porque como vimos en nuestras reflexiones pasadas, el pasado está allí para darnos sabiduría. ¿Cómo vamos a aprender a cuidarnos a nosotros mismos si no recordamos lo que ha pasado? 
Perdonar tampoco implica esconder lo que ha pasado; al contrario, en la medida en la que podemos hablar de las experiencias dolorosas hacemos justicia: Recordemos que la verdad liberta, que la libertad trae justicia y la justicia produce paz. También, recordemos que fuimos llamados a paz, a vivir una vida abundante y en libertad; esta fue la obra de Cristo.
Así, cuando alguien nos ocasiona un daño hay dos acciones fundamentales a las que estamos obligados: 
En primer lugar, debemos protegernos y para ello es necesario evaluar nuestros puntos vulnerables, fortalecerlos, reubicarnos en una posición segura y cerrar puertas. Algunas veces debemos ubicar los recursos que tenemos, acudir a las personas que nos aman, a las que pueden ser objetivas y nos pueden tender la mano. En ocasiones para protegernos debemos sacar a la luz lo ocurrido porque esta es la única forma en la  nuestra red de apoyo social servirá como un verdadero elemento protector, y también porque el riesgo para otras personas disminuirá. Esto no es vengarse, de hecho, el confrontar a una persona por el agravio, mediante las vías apropiadas, puede ser una oportunidad para que mejore su camino y se libere de sus acciones. Pero hablar es difícil, sobre todo al principio, y más cuando lo vivido no se comprende bien. En esos momentos hay que recordar  que no estamos solos en el mundo, que no nos toca resolver en soledad, que comunicarse es  posible, y que siempre habrá alguien que sí quiera y pueda tendernos la mano. A esto es a lo que yo llamo "protegernos".
En segundo lugar, cuando ya estamos seguros físicamente es necesario sanar y fortalecer nuestra alma. Esto se logra buscando personas sabias con las que podamos conversar, de preferencia profesionales bien preparados cuando el daño ocasionado ha sido muy profundo, personas capacitadas para ayudarnos a comprender de forma racional lo ocurrido, aprender de la experiencia, sanar y organizar un futuro seguro y esperanzador.  Este proceso de análisis puede ser doloroso si la experiencia fue dolorosa pero es liberador, y sólo requiere animarse a revivir con las palabras lo ocurrido para poder analizarlo y darle una nueva comprensión, una que sea más objetiva y sana, esto es “hacer duelo”, "resolver", "sanar y fortalecer nuestra alma"; esto es un proceso en el que es permitido enojarse, llorar, reclamar y descubrir que se merece mucho más; este es el momento en que es posible hacer un plan para obtener todas aquellas bendiciones que fueron preparadas por Dios para nosotros en esta vida. 
Pero entonces, volviendo a la pregunta que me hacían, yo contesto con otra pregunta: ¿Qué es el perdón? Yo creo que es, para fines prácticos, una forma de acomodar las vivencias del pasado, la manera más práctica de liberarnos de la carga del recuerdo; no es olvidar, es comprender (racionalmente) lo que ocurrió, y decidir no juzgar (esto es, no asignarle un valor negativo que se carga sobre nuestras espaldas todo el tiempo), es no vengar o no desquitarse por  el agravio cuando se comprende que nada de lo que se haga contribuirá a tener un mundo mejor. Perdonar es decidir estar bien, sin albergar rencores y recuerdos devastadores que nos ubican en una posición de víctimas; es no cargar más con el otro en nuestra mente como si estuviera aquí siempre presente, es dejarlo atrás. Perdonar, también es decidir actuar con amor a la humanidad, tomar las acciones más sanas posibles, hacer aquello que hará de nuestro entorno, nuestra vida y la de los demás (en la medida de lo posible), un ambiente seguro, de libertad y de paz.
De esta manera, perdonar no es una tarea tan fácil de realizar, pero, insisto, sí es una tarea liberadora.  
No es fácil porque perdonar no necesariamente significa hacerse el bueno o atender a quien no merezca ser atendido; al contrario, nuestro llamado a la justicia muchas veces demanda una denuncia o un replanteamiento de los límites y para ello hay que ser fuerte y confrontar a pesar de las presiones sociales.  
Tampoco es fácil porque hay un tiempo para el perdón (Eclesiastés 3), no se perdona en cualquier momento sino en el momento oportuno. Cuando las personas se encuentran en circunstancias de vulnerabilidad o cuando aún no han pasado por un proceso liberador y terapéutico, cuando su enojo o su dolor son tales que apenas tienen energía para protegerse, cuando están de duelo, ese no es el tiempo de perdonar, es el tiempo de hablar, de llorar y de acomodar cognitivamente lo ocurrido (véase la reflexión anterior). Aquellas personas que perdonan pueden hacerlo porque ya se encuentran caminando sobre las circunstancias, ya están seguras. Y reitero que perdonar solamente significa que estas personas deciden no cargar con el rencor o el dolor del pasado, dejan a un lado el juicio y construyen una vida propia, esperanzadora y segura.
Entonces y sólo entonces, cuando una persona descubre todo lo que vale y lo que merece, entonces es que es capaz de perdonar; sólo entonces puede escoger los mejores sentimientos para su diario vivir, sólo entonces se siente tan alto que puede caminar sin ser víctima de nuevo, caminar con compasión hacia el otro, caminar de manera independiente y sin culpas que le obliguen a cargar con su pasado. 
Hacer un plan de salida y dejar las cargas atrás, es todo este proceso que va desde la autoprotección, pasando por la sanidad hasta llegar a la libertad que permite dejar el dolor y el rencor atrás,  es el proceso en el que ya no se es víctima sino en el que se camina sobre las circunstancias y se le dice al mundo cuáles son las reglas de nuestra vida.
¡Ánimo! Cuando la Biblia dice “Más vale conquistarse a uno mismo que conquistar naciones”, o cuando afirma que fuimos creados para “ser cabeza y no cola, para estar arriba y no abajo, para dar a prestar y no pedir prestado”, nos  está diciendo que estamos encargados de señorear nuestra vida y que podemos vencer y estar por encima de toda circunstancia.


sábado, 21 de junio de 2014

¿Puede el pasado ayudarnos a desarrollar esperanza?

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima cuarta reunión: Guadalupe, 13 de junio de 2014


¿Puede el pasado ayudarnos
a desarrollar esperanza?

Por María Antonieta Campos Badilla

En nuestra meditación anterior vimos cómo nuestro pasado es fuente de sabiduría si se hace un adecuado procesamiento de las experiencias. Pero difícilmente tenderemos a pensar que nuestro pasado es fuente de esperanza a menos de que nos haya ido bien, de que tengamos una historia "favorecedora".

Los problemas que permanecen allí a lo largo del tiempo nos condicionan, aprendemos a creer que nuestras limitaciones son parte esencial de nuestra existencia, pero no es así. Nuestra vida está hecha para evolucionar, para mejorar cada día, por eso en varias meditaciones anteriores he citado la frase bíblica "va en aumento hasta que el día es perfecto".

Aprendimos erróneamente, que el desarrollo humano es una curva de crecimiento inicial y deterioro posterior, ignorando la gran capacidad humana, la plasticidad cerebral que nos permite aprender hasta el último día de nuestra vida en esta tierra, y la gran fortaleza espiritual que llega a superar las capacidades motoras que son las que tienden a deteriorarse con la vejez. Hoy, las neurociencias han demostrado que el ser humano mejora su capacidad cognitiva cada día y que la experiencia que aporta la edad es fundamental para el desarrollo de las personas individualmente y en comunidad.

En otras palabras, hemos crecido con la idea equivocada de que estamos perdiendo capacidades y que por ello nuestro futuro se torna más difícil, cuando, en realidad, estamos adquiriendo gran visión para alcanzar nuestros objetivos con menos esfuerzo.

Bajo este paradigma de plasticidad cerebral, resulta que el esfuerzo por resolver los problemas cotidianos se convierte en una oportunidad para activar nuestras neuronas, para establecer nuevas conexiones entre ellas, para aprender nuevas estrategias de adaptación.  Nuestro pasado difícil, y todos los problemas que hemos enfrentado (cuando lo hemos hecho de forma consciente, crítica y creativa) nos han convertido, sin duda, en personas más inteligentes y con más capacidades.

¿Qué significa enfrentar los problemas de forma consciente, crítica y creativa?
1.     Somos conscientes de un problema cuando lo tenemos presente, cuando logramos ponerlo en palabras, cuando podemos medirlo e identificamos sus cualidades como científicos, es decir, cuando definimos la situación, las causas y las consecuencias para nosotros y para nuestro entorno, y cuando logramos ver las oportunidades que tenemos para enfrentar, resolver y/o protegernos a nosotros y a los más débiles que nosotros.
2.     Somos críticos cuando tenemos la voluntad de evaluar los resultados de nuestras acciones y la disposición de corregirlas, también cuando podemos valorar el entorno y nos animamos a confrontarlo con asertividad para provocar los cambios que son necesarios. Somos críticos cuando tenemos la humildad para buscar consejo (de otros, de Dios, de la Sabiduría del Universo) y cuando reconocemos que no estamos solos, que somos parte de un todo y que nuestras acciones deben estar dirigidas a mejorar nuestra calidad de vida, la de los demás y la existencia de nuestro entorno al mismo tiempo. Somos críticos cuando logramos poner límites para que todos tengamos igualdad de oportunidades para el desarrollo.
3.     Somos creativos cuando utilizamos todos los recursos disponibles para hacer nuestra existencia y la de los demás mucho más hermosa y llena de amor.
Todos hemos enfrentado nuestro pasado con estas tres habilidades en diversas circunstancias, unas veces más, otras menos. Algunos, no resolvemos muchos problemas en el momento con la efectividad que queremos, pero es un hecho que si recordamos las situaciones y las analizamos apropiadamente, lograremos hacer un análisis posterior que nos haga más fuertes, más capaces y más inteligentes en el presente y en el futuro.

Respondiendo la pregunta inicial, ¿puede el pasado ayudarnos a desarrollar esperanza? La clave, está en la forma en la que retomamos nuestro pasado y nos hacemos conscientes de cuánto hemos aprendido, cuánto hemos mejorado y cuánto han aumentado nuestras capacidades. De igual manera, para los que tenemos fe, al mirar atrás podemos ver que Dios ha estado con nosotros, y lo seguirá haciendo como el padre asiste a sus hijos y los va dejando independizarse y hacer al mismo tiempo para que se desarrollen sus capacidades.

Entonces, lo que distingue al ser humano de muchas especies animales es su capacidad de recordar y de analizar de forma crítica lo vivido y decidir mejorar. Recordar nos permite aprender, nos permite hacer listas de los aprendizajes y organizar nuestras acciones presentes, y esas listas de aprendizajes no son otra cosa que listas de capacidades nuevas, de fortalezas y de virtudes que nos permiten adaptarnos a las nuevas demandas del entorno. 
La esperanza del futuro no es otra que la posibilidad de sentirnos capaces, de saber que nuestro futuro es prometedor.

Miremos hacia atrás, aprendamos de nuestra experiencia y obtengamos esperanza. Esta revisión constante nos ayudará a ver que nuestra capacidad es ilimitada (“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”), hemos salido bien librados de todo, hemos sobrevivido, hemos aprendido, hemos trascendido y así será en el futuro. Porque “en Dios somos, vivimos y nos movemos”, y nuestra esencia es, gracias a él, "fe, esperanza y amor". Su propósito es que reinen en nuestros tiempos "la sabiduría (la análisis crítico) y la ciencia (la consciencia del mundo)  y la fuerza de la salvación" que es el amor (el amor que nos hace ser creativos para hacer un mundo mejor).



viernes, 13 de junio de 2014

De cómo el pasado añade sabiduría hasta que el día es perfecto

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima cuarta reunión: Guadalupe, 13 de junio de 2014

De cómo el pasado añade sabiduría hasta que el día es perfecto
Por María Antonieta Campos

Cuando mi hermano salió de la casa de mis padres con una beca para estudiar en el extranjero, yo, como hermana del medio, después de haber compartido la misma habitación con mi hermana menor por años, decidí mudarme a la habitación que siempre había sido de él. En la pared estaba colgado un cuadro bordado por mi madre con el siguiente versículo: “Enséñame de tal modo a contar mis días que traiga al corazón sabiduría” (Salmo 90:12).
Leer el mismo versículo cada noche antes de apagar la luz despertó en mí una especie de conciencia sobre el hecho de que hay dos posibilidades  para procesar las experiencias vividas, hay dos formas de asumir el pasado: Una es aprender de lo ocurrido y aprovechar el conocimiento en las experiencias que vienen, otra es ignorar el pasado y vivir cada día sin referentes que me indiquen camino alguno.
A pesar de mi impulsividad y la tendencia humana a repetir algunos errores, he pasado mi vida intentando que mi pasado sea una fuente de sabiduría y no de pesar o amargura. He aprendido que ciertamente se puede ignorar lo ocurrido y hasta se pueden olvidar algunas experiencias, pero generalmente cuando lo hacemos hay alguna otra forma en la que nuestro organismo nos recuerda que hay algo allí adentro que debemos resolver.
En la misma época en la que leía el bordado de mi madre por las noches, asistía a un colegio cristiano en el que me enseñaban sobre la importancia de orar a Dios y entregarle mi pasado, entregárselo de manera consciente; contárselo o contarle por lo menos lo que recordaba y las emociones que sentía por ese pasado. Según las enseñanzas del colegio el hecho de abrir el corazón (con su pasado incluido) a Dios iniciaría un proceso de “sanidad interior” de aquello que pudiera causarnos amargura o dolor en el presente.
Luego estudié Psicología. En medio de muchos mensajes escépticos hacia la existencia de Dios y el estilo de vida de las personas religiosas, aprendí las explicaciones científicas sobre el pasado, el consciente, el inconsciente, la palabra, el significado y el poder de encontrar ese significado.
Créame, sea usted creyente o no, la esencia es la misma, si evade su pasado este lo perseguirá de alguna manera rogándole que lo resuelva, si simplemente se atreve a dedicar un tiempo consciente a tratar de resolverlo, entonces su pasado obtendrá significado y le aportará sabiduría.
Las experiencias, positivas o negativas siempre deben ser acomodadas, esto es, nuestro cerebro debe darles un significado y un sentido dentro de nuestra existencia completa.  De las experiencias positivas adquirimos satisfacción y motivación para enfrentar retos más grandes. Pero evitamos pensar en  aquello que nos cuesta comprender o que nos duele de manera especial, o aquello que nos causa sentimientos de culpa o frustración; en esos momentos nuestro cerebro sabe que hay algo allí que resulta potencialmente dañino y trata de resolverlo con otros mecanismos (diferentes al análisis consciente de la situación).
Uno de esos mecanismos es la liberación de las sustancias que se liberarían en momentos estresantes en los que se supone que reaccionemos rápida y defensivamente; así, por ejemplo, si estamos tratando de evitar pensar en el mal resultado de una evaluación que nos hicieron, y si en vez de dedicar tiempo a planear cambios para mejorar evitamos el tema o las circunstancias que se relacionan con dicha evaluación, nuestro cerebro obedecerá con mucho esfuerzo y no pensará en ello, pero sabrá que está en estado de emergencia y hará lo que tiene que hacer para proteger al cuerpo. A partir de esto empezamos a tener síntomas como el dolor muscular que se produce cuando hemos hecho mucho ejercicio, esto es porque se libera lactato, una sustancia que permite que los músculos reaccionen cuando deben correr por alguna emergencia, el lactato que no se usa se acumula en los músculos y nos produce dolor por algunos días, tantos y un poco más de los días que tardemos en darle sentido a la situación en nuestra mente y nuestro código personal de vida. Así, mientras no resolvamos el dolor del pasado de manera consciente, nuestros músculos nos lo recordarán. Algunas veces me pregunto si tantas personas que hoy tienen diagnósticos de fibromialgia y dolores crónicos, en realidad están reaccionando a un pasado (o a una situación crónica presente) que aún les pesa y no saben cómo afrontar.
 Otros mecanismos tienen que ver con mayor producción de adrenalina y menos melatonina, así estaremos más alertas, hasta con insomnio, más agresivos y defensivos, con una sensación continua de estar siendo evaluados negativamente, juzgados o atacados. Otras veces aumentan las defensas del organismo y el cuerpo se defiende de enfermedades que no están allí, se defiende incluso  de sí mismo.
Bien, ahí es en donde podemos decidir que nuestro pasado se convierta en nuestro aliado, en nuestra base sólida y nuestra fortaleza en vez de ser el monstruo que nos persigue desde nuestro inconsciente.
 ¿Qué es lo que hay que hacer? Nuestro pasado debe volverse consciente y adquirir significado. Pero hablar sobre lo que nos duele no es fácil y más difícil hacerlo cuando hemos invertido mucha energía para no recordar.
¿Cómo puede uno hablar sobre lo que no quiere? Existen muchas opciones, por ejemplo, puede hacerlo en un proceso terapéutico, en un proceso de sanidad interior, o simplemente escribiendo un diario, depende de cuánta ayuda desee y qué tan profundo sea el dolor o la pena que le agobia: (1) en algunos casos la dolorosa información del pasado se puede enfrentar(verbalizar) al aplicar su fuerza de voluntad y la guía de un terapeuta que sabrá hacerle algunas preguntas clave, (2) en otros casos requerirá su fuerza de voluntad, la guía del consejero y el poder especial del Espíritu Santo o la iluminación de la Sabiduría Divina,  (3) y en otros casos será suficiente su fuerza de voluntad sola (pienso que en los casos 1 y 3 el Espíritu Santo siempre ayuda aunque no seamos conscientes de ello).
Algún cristiano podría decirme: “Pero es que hay géneros que sólo salen con ayuno y oración”.
A esto respondo: Sí, ¿no es la oración le acto de hablar? Hablar con Dios, y con tus hermanos, con los que tienen sabiduría porque “en la multitud de consejeros está la sabiduría”. Además, Isaías 58:6 nos dice: “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?”. Si usted ha guardado en su corazón, en su pasado oculto un recuerdo de impiedad (suya o de otros), una injusticia accidental natural, o una provocada con maldad y voluntad, ¿no es eso una ligadura de impiedad que sólo podrá soltarse cuando salga a luz?, ¿si su pasado lo oprime en secreto no hay que acusarlo para que se lo quiten de encima?
El primer yugo que nos puede atar es un pasado doloroso no resuelto y oculto. En cambio, un pasado bien procesado (con la ayuda de personas sabias que nos guíen bien, y con la Sabiduría de Divina que procura nuestro perfecto bienestar) es recordatorio de la infinita gracia y amor de Dios, de la eterna provisión del universo, es fuente de sabiduría, es libertad y fuerza ante el mundo.

Ánimo, cuando sacamos un tiempo para analizar y procesar nuestro dolor, cuando lo entregamos con palabras al mundo para dejarlo allí y luego descansar y caminar libre de cargas, entonces, estaremos empezando el camino de la sabiduría que crece y va en aumento como la luz de la aurora… Camina y no te rindas hasta que el día sea perfecto, y no te olvides de disfrutar las flores del camino.

viernes, 30 de mayo de 2014

¿Qué es el Pasado?

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima tercera reunión: 30 de mayo de 2014

¿Qué es el Pasado?

Por María Antonieta Campos Badilla




¿Qué es el pasado?
En 1 Corintios 3: 9 dice: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”
Nuestras vidas tienen un propósito, un plan, una razón de ser dentro de la majestuosidad del universo y la eternidad que Dios ha puesto en nuestro corazón (Eclesiastés 3:11); ninguna de las experiencias que hemos pasado ha sido en vano y todas conducen a un buen fin (Jeremías 29:11). Sin embargo, el pasado no es absolutamente determinante en nuestras vidas, nosotros somos colaboradores de Dios en ese proceso de construcción y como colaboradores podemos decidir qué es lo que hacemos con nuestro pasado.
En el mismo pasaje de Corintios 3, se hace una analogía de nuestra vida con el proceso de construcción de un edificio y con la materia prima que se utiliza para construir. Se nos exhorta a construir con oro y no con hojarasca.
Pero, ¿cuál oro o cuál hojarasca? Por el contexto se me ocurre que el libro puede referirse a lo que tenemos en nuestra mente, a la corriente de pensamiento que decidimos seguir.  “Yo soy de Pablo o yo soy de Apolos”, los corintios discutían sobre la escuela a la que querían seguir, las escuelas de pensamiento que en la época surgían para determinar cuáles de los escritos de la Biblia, y cuáles interpretaciones eran las más “correctas”.  
Recordemos que en la época los escritos de la Biblia eran copiados a mano por los escribas, que cada libro requería de una gran cantidad de ovejas para hacer los rollos en los que se copiaba la información, y que más adelante se utilizaban los papiros, pero que en todos los casos eran personas que a mano hacían copias que se enviaban a cada pueblo y que para difundir el mensaje lo más completo posible se reunía a las personas para leer la palabra a manera de escuelas o grupos de estudio; algunos de los escritos se perdían, otros iban con errores en las transcripciones o traducciones, otros con simples omisiones en la escritura que hacían que las personas discutieran sobre el significado de lo que se había escrito.
¿Quién tenía la razón? A partir de ese momento ya había eruditos tratando de descifrar de la manera más fidedigna el mensaje original de Cristo. Ahora sabemos cuáles libros y cuáles traducciones porque contamos con años de investigaciones de expertos que han comparado todas las copias de los libros de la Biblia y han llegado a la conclusión de cuáles son las ideas correctas con base a los contenidos que se obtienen en común.
Se parece esta antigua discusión a las que se realizan hoy en las universidades sobre las explicaciones filosóficas, psicológicas, sociológicas, antropológicas y sociales en general sobre el sentido de vida de los seres humanos. Y ¿quién tiene la razón? De cierto, el que la tuviera estaría construyendo su vida con oro. La razón, la ciencia, la sabiduría, son materiales valiosos en la construcción de una vida.
Dios es quien hace el diseño, el que labra en nuestra tierra, el que permite en nuestra vida experiencias que nos den oportunidades para aprender, para entender sus propósitos, los secretos muy guardados  y los tesoros escondidos (Isaías 45:3).
¿Qué es el pasado? Nada sino un conjunto de experiencias que se convierten en sabiduría cuando son interpretadas con temor de (amor a, confianza en) nuestro Dios, cuando confiamos en el sentido de nuestra existencia. Nuestra historia con sus experiencias buenas y con aquellas que no son tan agradables es nuestra materia prima y podemos escoger una construcción de carbón o de diamantes.
En la vida usted tendrá muchos materiales para escoger. ¿Qué quiere pasarle a Dios?, ¿oro u hojarasca?, ¿el resentimiento y el temor o sagacidad para protegerse y la valentía que son producto de las experiencias difíciles?, ¿la amargura o la libertad que da el perdón ante los recuerdos dolorosos?, ¿desesperanza o positivismo y capacidad de adaptación ante la frustración por lo que no ha salido como esperaba?
Hay muchas maneras de enfrentar los problemas, hay muchas formas de asumir el pasado; usted puede decidir que sus recuerdo los derroten o le enseñen, usted puede dejar que las palabras que le dijeron lo(a) hagan sentir pequeño(a) o que simplemente le recuerden que hay otras personas que se sienten pequeñas y tratan de ofender a los demás, ante esa circunstancia usted puede recordar que su esencia no depende de lo que otros digan, sino de la obra maravillosa que Dios hace en usted, de su gran propósito.

Construir con oro es eso, mirar en la materia prima que le han dado sus experiencias y decidir tomar aquellas enseñanzas que son más positivas para la construcción de su vida. Recuerde que el mismo pasaje de 1 de Corintios 3 nos dice “todo es vuestro”, todo el conocimiento y la sabiduría de Dios estarán en usted por medio del Espíritu Santo para ayudarle a escoger lo mejor. ¡Sea la mejor colaboradora de Dios!, escoja con cuidado las palabras y pensamientos que quiere rescatar de su pasado, y que su tiempo para recordar y para pensar en el presente o en el futuro sea invertido con sagacidad escogiendo “lo mejor del trigo… la miel de la roca” (Salmo 81:16). 

viernes, 23 de mayo de 2014

Dejarse llevar por la corriente de vida eterna

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Décima segunda reunión: 23 de mayo de 2014

Dejarse Llevar por la Corriente de Vida Eterna

Por María Antonieta Campos Badilla

¿Qué es la fe? La Biblia dice que es "La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve". Pero, ¿qué se espera?

La mayoría de las personas esperamos ser felices, ser amadas, estar saludables, tener todo lo necesario para satisfacer nuestras necesidades básicas y las de nuestra familias; quizás, tener un poco más para disfrutar de algunos gustos y placeres. Algunas personas desean tener pareja, tener hijos, viajar, un carro, una profesión, un mejor trabajo. Sobre todo queremos que las personas que amamos estén bien, que estén cerca, que sean felices. En fin, queremos una vida en constante desarrollo.

¿Puede la vida no implicar desarrollo? ¿Podemos dejar de crecer y estar mejor? Veamos los bosques, sus árboles viejos caen y donde dejan un espacio de luz crecen nuevas y mucho más diversas plantas y el bosque se desarrolla; y si en este hay un incendio las cenizas vuelan en el aire y llevan minerales que alimentan el plancton de los mares produciéndose más oxígeno para el planeta que en ninguna otra circunstancia. El planeta se desarrolla y crea nueva vida cada día.

La naturaleza es generosa, porque la mano de Dios es generosa también. Así pues, de cada circunstancia difícil que enfrentamos Dios nos da bendición que sobreabunda. La naturaleza y todo el universo están conectados en una corriente de vida y abundancia eternas, ríos de bendición que nos llevan a un precioso mar de cristal. 

Somos parte del todo viviente, el que se reproduce y renace, el todo de energías que se transforman y se renuevan una y otra vez en una danza eterna de luz y amor.

Con esta fe, podemos proclamar sobre nuestro futuro toda clase de bienestar, a nuestro presente podemos concebirlo con visión y con esperanza, y a nuestro pasado podemos hallarle sentido en la ruta hacia la libertad y la plenitud perfectas que estamos recorriendo. Así es como las palabras de Salomón cobran significado real: "Todo lo que fue, ya es; todo lo que ha de ser, ya pasó; y Dios restaura lo que pasó".

Cuando nos dejamos llevar por la corriente de la vida eterna, cuando descansamos en la perfecta voluntad de Dios y somos capaces de contemplar la vida como una serie de sucesos de bendición, cuando recibimos toda circunstancia con la alegría de quien recibe un regalo envuelto--un  regalo que ha sido dado con amor, entonces, logramos descansar y disfrutar; es entonces cuando nos damos cuenta de que el temor del futuro es una vana ilusión, una mentira que nubla nuestra visión eterna.

No hay ninguna voluntad maligna en Dios ni tampoco hay ningún mal deseo en la energía que mueve el universo, no hay nada impuro ni maligno que no haya sido vencido por el amor perfecto del Dios viviente.

Dios es amor, Dios es paz eterna, Dios es abundancia y benignidad, es santidad y es gozo. Dios es el perfecto, "el que todo lo llena en todo", "en él somos, vivimos y nos movemos". Nuevamente les digo, que si tenemos la capacidad de ver el todo, la eternidad, la magnificencia y la grandeza de su amor, nuestras experiencias temporales se vuelven pequeñas, aventuras breves que transforman nuestra vida para encaminarla a nuevas y mucho mejores circunstancias cada vez.

viernes, 2 de mayo de 2014

Esperar Cosas Buenas

Programa Manualidades y Arte para la Autoafirmación
TARDES DE MANUALIDADES Y CAFÉ
Undécima reunión: 2 de mayo de 2014

Esperar Cosas Buenas

Por María Antonieta Campos Badilla

Asiste a nuestro grupo de las Tardes de Manualidades y Café una mujer de gran valía. A sus casi 85 años, ella es ese tipo de mujer afable que logra mantener amistades desde su juventud. Otras mujeres la buscan en su casa de cuando en cuando. Nunca falta la que llegue sin avisar y se quede un ratito con ella a la hora del café. 
La buscan porque es atenta, porque trata bien a todas las personas. Habla con la misma cordialidad con los ancianos de su iglesia que con los profesionales, con los técnicos, y también con los mensajeros, los vendedores y los misceláneos; y a todos, sin excepción, les ofrece su mejor taza de café con algún bocadillo.
Además, tiene la particularidad de disimular las debilidades y resaltar las cualidades y las oportunidades de los demás. Tiene apertura de mente, tanto que sus amigas pertenecen a diferentes tipos de grupos: a su vecindario de juventud, a su escuela, a sus relaciones de amistad durante su adultez joven, a su iglesia, etc. Su grupo es amplio, heterogéneo y en estable crecimiento.
Sobre todo la buscan porque sus palabras dan esperanza y aliento al cansado. Y a partir de su ayuda es que relato mi historia: 
Hace algunos años, en plena crisis económica mundial, me urgía encontrar un trabajo adicional. Preocupada y desalentada tuve la oportunidad de conversar con Luz, quien conocía bien mis atestados y mi experiencia profesional. Ella bien sabía que mi formación (académica y personal) era más que suficiente para ser una "profesional exitosa", por lo menos eso hubiera prometido la modernidad; pero los tiempos estaban cambiando y aunque me había preparado en dos carreras diferentes, y además había estudiado inglés y algunos programas de computación, algo más hacía falta. Ella me dijo: "Algunas veces las personas necesitan, además de preparación, un golpe de suerte; yo voy a orar para que Dios le conceda un golpe de suerte".
Ese día comencé a creer lo que en reflexiones de semanas anteriores les he escrito: Dios quiere cosas buenas para nosotros y podemos esperarlas. En menos de un mes de oraciones de amor me llamaron para trabajar en uno de los puestos más reconocidos que he tenido a nivel laboral; comencé allí mi carrera en el área de la administración educativa pues sin esperarlo me nombraron decana de una facultad universitaria; aprendí de todo: administración, diseño curricular, reclutamiento, selección, contratación, procesos de inducción, capacitación docente, diseño y administración de programas y cursos virtuales, asesoría y atención al estudiante en su proyecto de vida profesional, resolución de conflictos, establecimiento de alianzas empresariales, internacionalización de programas académicos y otras muchas tareas que antes ni sabía que existían y que ahora me permiten desarrollarme en el mundo de los servicios de atención psicoeducativa de una manera muy diferente. 
Aprender de cero fue un proceso muy duro, y algunas dificultades externas se presentaron en el camino. Sin embargo, por difícil que fuera el proceso de aprendizaje, y a pesar de algunas lágrimas que me sacó, este proceso era parte de mi golpe de suerte, y era necesario para que luego Dios me permitiera llegar donde yo quería: a desarrollar un emprendimiento propio según mi visión y misión personal. Las Tardes de Manualidades y Café son parte del producto de aquella petición de amor de nuestra amiga.
La suerte (o la oportunidad) no es opuesta al esfuerzo, no es opuesta al mérito, sino un buen complemento. Cuántas mujeres y hombres maravillosos conocemos que aún no encuentran pareja, cuántos profesionales excelentes que pasan desempleados un buen tiempo hasta encontrar un nuevo puesto laboral, cuántos trabajadores esforzados y honestos que parecen tardar más años que otros en prosperar. Les aseguro que a estas personas no les falta nada, no es que estén haciendo las cosas mal; al contrario, nosotros sabemos que son excelentes, maravillosos y merecedores de todo lo que nos parece mejor en el mundo. Lo sabemos sin duda: Para todos ellos hay un plan divino, algo que les hará llegar a la situación esperada más tarde o más temprano. 
Claro que es más fácil creer en lo que vendrá para otros que en lo que vendrá para mí. Pero todos lo sabemos, sabemos que la respuesta vendrá y que será positiva, algo mucho más especial "de lo que pedimos y entendemos". Sí, el esfuerzo honesto, la fe y el amor, tienen buen fruto siempre.
Algunas veces con sólo esforzarnos, la bendiciones vienen. Otras veces nos esforzamos sin respuesta por un tiempo, pero la cosecha vendrá, nada más es cuestión de esperar, de descansar por un rato mientras el ángel nos resguarda como nos lo dijo Daniel Campos en su comentario a la reflexión "Tiempos de Quietud". Pero algunas veces, lo que hace falta es "clamar por" y "creer en" ese precioso golpe de suerte.
"Jehová sustenta mi suerte" y yo le creo. Yo decidí creer en sus promesas, decidí que cada vez que temo, llevo a Él mis inquietudes y las dejo con Él; luego simplemente pienso en cómo de la nada Él ha abierto camino para mí y me ha dado bendiciones que no existían. 
Por ejemplo, de la nada creó un buen puesto laboral; ¿que si yo había hecho méritos para tenerlo?, sí, pero nadie puede decirme que por muy buena profesional que yo fuera no existía la misma posibilidad de que llamaran a otras personas para ocuparan mi cargo, yo no lo había buscado, yo no había pedido trabajo en ese lugar, de la nada me llamaron porque a Él le plació. 
Otro gran ejemplo es cómo de la nada me dio el más maravilloso esposo que hay en el mundo; no lo busqué yo, Él llegó de repente al dintel de mi puerta cuando yo rondaba los 38 años, lo digo literalmente: Él llegó al dintel de la puerta de mi oficina a hablarme en un momento en el que yo estaba tan ocupada que no podía pensar en tener pareja. De la nada un hogar con una bella adolescente que nos acompaña y alegra cada día; de la nada y sin que tuviera que yo tuviera que esperar nueve meses o dieciséis años. De la nada me dio mascotas, paseos, actividades culturales y sociales que antes no existían en mi vida. De la nada me dio el más grande amor terrenal que hay. 
No he hecho yo grandes esfuerzos; les había contado en la reflexión anterior que a mí ya me habían recomendado: "Antonieta, no hay que hacer grandes esfuerzos". Pues desde que creo que Él sustenta mi suerte, ya no hago tantos esfuerzos. 
Reconozco que aún me afano por algunas cosas que no debiera y, en esos días, me canso más de lo recomendado, pero no tanto como antes, no, ahora levanto mi voz y doy gracias por las bendiciones que vienen. Ahora sí me animo a creer que la gente me va a ayudar, que Dios me va a rodear siempre de personas bondadosas que compartan su amor, que la salud y los bienes materiales también están allí para que yo los disfrute, que la vida me ha dado, me da y me dará siempre suficiente bienestar, todo lo que necesito; lo que anhelo sí vendrá. Ahora cuento mis bendiciones del presente y no dejo que lo que no ha llegado aún opaque la gran obra que Dios está haciendo, creo y no dejo de decir lo bueno que vendrá.
Sí vendrá, no por merecimiento sino por suerte, no por merecimiento sino por gracia, por regalo; ¿acaso no nos ha dado Dios todo por regalo? Yo planeo mi futuro y trabajo por él, pero trabajo en el presente, disfrutando las bendiciones del presente, no me desgasto por mi futuro porque el futuro glorioso que espero viene solo, por suerte, por gracia, por regalo.

Dios es bueno y Él es quien sustenta mi suerte, por lo tanto yo espero cosas buenas.

jueves, 24 de abril de 2014

Desarrollar belleza interior... y exterior


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Décima reunión: 25 de abril de 2014

Desarrollar belleza interior... y exterior

Por María Antonieta Campos Badilla

Hace algunas semanas una hermosa compañera de nuestras Tardes de Manualidades y Café hizo el siguiente comentario: "Creo que sintiéndome hermosa por dentro me veré más hermosa por fuera". 
¡Ella tiene razón! Es tan bella por dentro como lo es físicamente, tanto que a sus más de ochenta años aparenta sesenta; es delgada y ágil, su piel es tersa y morena, su cabello abundante y negro, y sus ojos oscuros contienen las dos estrellas del cielo más brillantes que se han visto; es también amable y callada, siempre dispuesta a dedicar su tiempo a los otros para hacerlos sentir mejor cuando están en necesidad. Pero nuestra amiga quería sentirse más bella y para eso era necesario fortalecer más el ser interior.
Recordé entonces un cuento que me relataba mi madre en la niñez, un cuento sobre tres gallinitas de diferentes colores que competían por el título de "la gallinita más linda de la granja". Como sucedería en la mayoría de cuentos de valores para niños, después de una gran lista de aventuras, el Gran Búho Sabio del bosque determinó que la gallinita más bella era la que se había detenido en su carrera para ayudar a otros animalitos del bosque. 
Cuando un adulto escucha una historia como estas ya presume el final, y no le sorprende la magia de las aventuras que sí encuentra el niño cuando descubre que es más hermoso el que se preocupa por actividades más profundas de vinculación y solidaridad social. Peor aún, el adulto escucha el cuento y su vida no cambia a partir de este.
¿Acaso será que, a pesar de los múltiples cuentos de valores que escuchamos cuando pequeños, ha pesado más la presión de los medios de comunicación sobre la belleza externa? Con múltiples estímulos la televisión, las revistas y la publicidad nos enseñan que belleza es sinónimo de  ser altos, delgados, con el cabello terso, brillante y abundante, bien peinados, los ojos grandes, la nariz delgada, y los colores de la piel, los ojos y el cabello también con ciertas predilecciones en cuanto a sus tonos y combinaciones; para los medios ser "hermoso" es ser simétrico, bien balanceado, con cintura bien marcada,  con una estructura ósea y muscular alargadas y bien demarcadas; por lo menos, esto es lo que premia la farándula y el mercadeo y eso es lo que nos enseñan a admirar. 
Nos enseñan que aquellas personas que cumplen con estos estándares son más exitosos; de hecho es cierto que el ser humano en sus prejuicios tiende a confiar más en personas desconocidas de hermosa apariencia y a rechazar a quien no ande "bien presentado"; y puede ser cierto que muchas personas actúen con base en estos prejuicios, pero también es real que existen muchas personas que no cumplen con los estándares mencionados y aun así son admirados y amados por todos, o casi todos; son personas felices que no se han dejado atrapar por los mensajes de una sociedad de consumo que conviene al enriquecimiento de unos pocos. 
En lugar de desmitificar conceptos como estos y educar a las personas para que aprendan a valorar lo que es realmente importante y a protegerse de quien y cuando es realmente necesario, los medios de comunicación educan para seguir reproduciendo un patrón infructuoso de auto-defensa y discriminación del que es diferente. 
Vean este ejemplo: Ahora están de moda los "reality shows" en los que se les enseña a las personas que si cambian su manera de vestir se van a sentir "más satisfechos consigo mismos" y van a tener una "mejor autoestima", programas con una aprobación tan marcada del prejuicio que se atreven a desechar la ropa de los otros con burla y una especie de crueldad; también están aquellos programas en los que usted debe hacerse cirugías plásticas si tiene algún complejo bajo el supuesto de que así logrará "ser feliz". Existen los programas que promueven la delgadez diciéndole a las personas que tienen sobrepeso porque han sido perezosas y que ahora "deben sufrir" por ello. Estos programas utilizan la "culpa"  y la discriminación social como formas de control sin resolver el problema de fondo: la necesidad de desarrollar actitudes flexibles para la aceptación incondicional del valor humano y para el cuidado personal consecuente.
Muy pocos hablan de los muchos estudios científicos que demuestran que el proceso de desarrollo de belleza es inverso al que promueve la sociedad de consumo, casi ningún medio resalta el hecho de que las personas con mejor autoestima y que se sienten más amadas en su entorno logran desarrollar recursos para mejorar sus hábitos alimentarios, hacer ejercicio, dedicarse tiempo por las mañana para vestirse y arreglarse bien, etc. 
Las personas que se desarrollan en ambientes de aceptación incondicional del valor del ser humano son las que logran sonreír en circunstancias difíciles y mantener esperanza, son las que por ello al vestirse con ropas sencillas se ven hermosas, son las que abrazan y dicen palabras agradables, son, por lo tanto, las más hermosas.
Difícilmente se diría que Jesucristo, Ghandi, o la Madre Teresa de Calcuta, tenían problemas de autoestima, o que no se sentían suficientemente hermosos y satisfechos consigo mismos por no cumplir con los estándares de vestimenta y apariencia que nuestros medios de comunicación promueven. ¿Qué creen ustedes? ¿Será que ellos podían ser felices porque tenían un espíritu fuerte, pero al resto les toca vestirse con sedas para consolarse?, ¿será que la fortaleza de espíritu está limitada para algunos?, o peor aún, ¿será que el que no tiene belleza física debe dedicarse a cultivar su espíritu pero las personas hermosas no lo necesitan?
¡Cuidado!, es cierto que es más difícil sacar tiempo para orar o meditar, para prepararse y disfrutar de alimentos sabrosos y nutritivos todos los días y hasta compartirlos con aquellos que se aman, o para ayudar a otros y crecer en familia, en grupo o en comunidad; todo eso es más difícil que sacar tiempo para ir de compras o invertir en un buen tratamiento de belleza. Pero por mucho que los medios de comunicación y los exitosos negociantes quieran promoverlo, la belleza y la felicidad no se consiguen con dinero ni con bienes materiales. ¿No es ese el fin de todo lo que queremos: ser hermosos para tener aceptación, y tener aceptación y éxito para ser felices? 
El que no se siente hermoso no lo va a hacer aunque adelgace, a menos de que trabaje en su interior, en "hacer tesoros donde ni la polilla ni el orín corrompen" (Mt. 6:19). El que no se acepta a sí mismo como es, no va a ser aceptado por lo demás de manera genuina. La felicidad real descansa en el desarrollo de una belleza interior, no exterior, y ¡es un hecho!, las personas que se sienten hermosas por dentro se ven radiantes y maravillosamente bellas por fuera.
Cómo se construye la belleza interior, sin embargo, es una paradoja, porque la belleza interior sí se construye afuera algunas veces: cuando ayudamos a otros compartiendo lo que tenemos, cuando pensamos en las necesidades de los demás y ajustamos nuestras actividades para que todos estemos satisfechos, cuando pensamos en el peso que nuestras palabras tienen en la vida de nuestros vecinos y procuramos decirles siempre cosas agradables. Otras veces, la belleza interior demanda nuestra atención personal en soledad y la dedicación de tiempo  y esfuerzo al fortalecimiento de nuestra fe.

Cualquiera sea su creencia, su fe, su sentido de vida, recuerden fortalecerla y ponerla como prioridad ante los mensajes de los medios de comunicación; construyan su belleza dentro de ustedes y en una vinculación social sensible y genuina; ámense a ustedes mismos busquen amigos que realmente lo sean porque los aceptan sin condiciones. La belleza externa vendrá por añadidura.