miércoles, 9 de enero de 2019

Principios Espirituales en los Conflictos Sociales


Decía un querido pastor que el año número ocho era un año de poda (año en que las culturas bíblicas podaban las vides para prepararlas para el año de la cosecha); y el año número nueve era un año de nuevos frutos (las vides bien podadas darían muchos frutos al año siguiente). Por lo menos esta es una interpretación del significado de los números según la Biblia. Por eso quisiera iniciar este nuevo año 2019 con una pequeña reflexión sobre cómo se solucionan los conflictos propios de la “poda” en nuestra vida social.
No se pueden evitar; los conflictos existen como una oportunidad de aprendizaje; son parte del cambio, de la crisis que implica el crecimiento y la evolución.
¿Qué es lo que se supone que aprendamos con cada problema social que se nos presenta? El camino de cada quien es distinto y sus necesidades de aprendizaje dependen de su tiempo; pero existen principios básicos que todas las personas necesitamos aprender y aplicar de forma universal, es decir, en todo tiempo y en todo lugar.
El principio de la verdad, el de libertad, el de justicia y el de la paz; la misericordia y el bien, así como el dar buen fruto en la vida espiritual; y ante todo, creo, el principio de la gracia.
“Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.
(Juan 8:32)
“La misericordia y la verdad se encontraron;
La justicia y la paz se besaron.
La verdad brotará de la tierra,
Y la justicia mirará desde los cielos,
Dios dará también el bien,
Y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia irá delante de él,
Y sus pasos nos pondrá por camino”.  
(Salmos 85:10-13).
“pues Dios es el que en vosotros produce
así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
(Filipenses 2;13)
“El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
(Gálatas 5:22-23).
“Pues la ley por medio de Moisés fue dada,
pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”.
(Juan 1:17)
Sí, todo empieza por decir la verdad; ¿a quién?, pues primero al propio ser, al yo. Decirnos la verdad de lo que sentimos ante los sucesos críticos que enfrentamos. Hablarnos sobre lo que quiere nuestra alma, sobre lo que desea, sobre lo que siente que puede y no puede hacer, sobre lo que no desea y sobre cómo se siente ante eso que no desea. Sincerarnos con nosotros mismos cuando estamos en calma.
Nuestra alma no nos engaña, solamente necesitamos tranqulidad para poder escucharla. Es por eso que arriba se dice que la verdad brota de la tierra”; nosotros, lo profundo de nuestra alma, es esa tierra de la que hablan estos versos. En nuestra alma se encuentra toda la información que Dios quiso que tuviéramos para cultivar y crear una vida hermosa.  Nuestra mente, en cambio, ha sido enseñada a argumentar una y otra vez, desde muchas perspectivas que incluyen la tradición y cualquier otra perspectiva ajena a nuestra propia alma. Así, es la mente inquieta la que tiende a hacer ruido y confundir nuestra idea inicial de verdad.
Pero, una vez que nos damos tiempo para volver a la calma (en muchas ocasiones se requieren tres días y largos ratos de respiración consciente), logramos definir qué sentimos, qué queremos, qué podemos hacer. Cuando la verdad del alma logra aterrizar en nuestra mente y apaciguarla, llega el momento de actuar.
Es entonces cuando esa verdad debe encontrarse con la misericordia: en procura del bien común. ¿Significa esto que debo hacer sacrificios personales para que los otros involucrados en el conflicto estén bien? No. Aunque algunas veces podemos ceder, esto no estaría bien si es en contra del propio bienestar. Entonces, ¿qué es actuar con misericordia? Pues eso, buscar la mejor situación para que todos estemos bien.
Casi siempre, la creación de la nueva situación requiere una delimitación clara de los espacios individuales. Pongo un ejemplo muy sencillo, en mi niñez mis hermanos y yo dejamos de pelear por el uso del único televisor de la casa, cuando nuestra sensata madre asignó un día y un horario a cada uno para escoger el programa de televisión que quería ver; cada quien tenía su momento de escoger y el otro si quería podía acompañarle. Un ejemplo más complejo lo vemos en las terapias de pareja en las que se busca romper los círculos de agresión; en ese caso, cuando inicia una escalada de discusiones la pareja debe aprender a separarse por un rato, hacer un “tiempo fuera”, y cuando estén en calma retomar el tema. Algunas veces, la delimitación para estas parejas consiste en evitar hablar de ciertos temas en ciertos lugares, en ciertos momentos, o hasta que esté presente un mediador, consejero o terapeuta que les ayude a resolver.
Entonces, estamos hablando de que la delimitación de los conflictos sociales implica pensar en cuál momento, ante cuáles circunstancias y con cuáles personas presentes será más probable obtener mejores resultados para todos; no sólo para los otros y no únicamente para mí.
Algunas veces, después de haber intentado con diferentes delimitaciones y mediadores sin obtener buenos resultados, se llega a la conclusión de que la mejor forma de lograr a un estado de bien común es una separación definitiva de las partes, con los mejores deseos de paz y bienestar para la otra persona. Es decir, no guardar rencores ni dolor ni ira en el corazón (esto se logra a través del perdón), pero separarse para evitar hacerse más daño a partir de las diferencias. Y este es el ejemplo más claro en el que se puede ver que, después de la verdad y la misericordia, aparece la libertad.
Esta es una forma en la que el conflicto ser resuelve con una especie de "poda", que permitirá que, en el futuro, cada persona obtenga los mejores frutos. Podar las ramas de una vid es, en cierto modo, liberarlas para que puedan abrir paso a hermosos racimos de dulces uvas. Para que nuestra vida fluya y dé fruto es necesario que gocemos de libertad.
Sabemos que la verdad y la misericordia se han encontrado cuando todas las partes del conflicto son libres finalmente para ser y hacer lo que cada una desea y poder cumplir su propósito de vida. Y dos personas pueden permanecer juntas y dar fruto sólo en tanto cada una de ellas se siente libre para ser (sin ser limitada, sin ser criticada, sin ser desvalorizada, ni mucho menos amezada o lastimada). Un acompañamiento en donde hay libertad para la verdad y misericordia en pro del bienestar, es lo único que permite que surjan la justicia y la paz.
¿Entonces "podar" es hacer justicia? Sí, pero hablamos de una justicia divina. En el Cristianismo a la justicia se le entiende como gracia, es decir, un regalo. Porque Jesús no dañó a ningún ser sino que nos perdonó a todos, porque él vivió en misericordia y verdad, porque murió y venció la muerte en su santidad y nos abrió el camino al Padre Celestial, es que ahora gozamos del regalo de no ser culpables: Hemos sido justificados, hay justicia para todas las personas que lo deseen, y esto es un regalo.
Este es el regalo del perdón que nos dio Jesús, y cuando nosotros somos capaces de otorgar el mismo regalo a los demás entonces actuamos con justicia, porque damos lo mismo que hemos recibido.
Entonces, la justicia implica eso, que usted y yo liberemos a las personas con quienes estábamos en conflicto, que las liberemos de cualquier juicio que en nuestra mente las hiciera culpables, que las liberemos de tal manera que ellas puedan ser libre y nosotros también; además, las liberamos como regalo, no porque se lo merezcan, y cuando lo hacemos, de manera divina recibimos nuestra propia libertad.
Esta es la clave, que esta justicia (la cristiana) no es por merecimiento, sino por la aceptación de que aquel que no hizo mal nos perdonó todo lo malo que hicimos, y por lo tanto, ahora, podemos perdonar también, dejar ir, y seguir nuestro camino en libertad, para poder hacer aquello que nuestra alma anhela.
Cuando decidimos construir relaciones sanas, cuando cortamos lazos dañinos, y cuando seguimos el deseo de nuestra alma sin cargarnos ni cargar a nadie con los rencores del pasado, ni con las cargas de la costumbre o o de la tradición o de lo que opinan los demás, entonces Dios nos mira con agrado y nos da su bendición, y hace que nuestro camino sea bueno y nuestros pasos firmes.
Entonces, cuando caminamos por el camino de la verdad, del bien mutuo y la libertad, empezamos a dar un fruto de cualidades integrales que nos permiten evolucionar: entonces desarrollamos amor, gozo, paz, paciencia (con nosotros mismos y los demás), benignidad y bondad (igualmente para todas las partes), fe, mansedumbre, templanza (o como le llamamos ahora, dominio propio).
Así empezamos esta historia: Que en el conflicto social nuestra vida es podada y puede dar fruto, por el acto sencillo de reconocer qué hay en nuestro corazón, qué queremos, qué podemos hacer, hacia dónde deseamos ir... para luego ponernos en marcha con acciones de misericordia, verdad y libertad para el bien común.
¿Hacia dónde quiere ir usted este año? Después de los conflictos sociales que hubiere enfrentado el año pasado, en este inicio del 2019 yo recomiendo hacer los debidos cierres para caminar en libertad.  Un ejercicio muy bueno para hacer cada día es repetir la frase "perdono, amo y sigo mi camino sin cargas ni rencores; me dispongo a estar en calma para atender a la verdad de mi alma".

María Antonieta Campos Badilla, Ph.D.


sábado, 31 de marzo de 2018

Resucitar en el Otro


Pensando un poco en la muerte y resurrección de Jesús, y reflexionando en el sentido de esta Obra, recuerdo que la ascensión desde la vacía oscuridad de la muerte hasta la absoluta Luz de Vida Eterna, nos abrió para siempre un camino de vuelta a nuestra Fuente Creadora: Ese que algunos llaman Padre Celestial, otros le dicen Padre-Madre Dios, y otros lo llaman Amor.

Dios es Amor. Y Dios es la Fuente.

Entonces, el camino de la resurrección es un camino al Amor y es darnos cuenta que estamos hechos de Amor y que somos uno con el Amor. Si todos somos Amor somos uno con todos.

Por eso la Biblia habla de que Jesús quitó la pared de separación y nos hizo un solo pueblo, y cuando murió en la cruz se rasgó el velo de entrada al Lugar Santísimo en el Templo, es decir, se abrió el acceso a nuestra Fuente Creadora.

En días anteriores he dicho que somos uno como un concepto de responsabilidad por el cuidado del prójimo, pero hoy hablo de este concepto como una bendición y una realidad de existencia ineludible.

Cuando yo tenía dos años me hablaron de Jesús. Me dijeron que Él me amaba y que siempre estaría a mi lado. Desde entonces me enamoré de Él. Desde entonces le siento junto a mí y veo su mano protectora y de bendición para mí. Y no me he sentido sola, algunas veces, quizás, he anhelado algún abrazo de Él (uno físico y no solo espiritual) pero, de alguna manera, este abrazo siempre ha llegado a mí a través de alguna persona.

Con el tiempo me he dado cuenta de que Jesús (el Amor que se hizo hombre, murió y resucitó dándonos vida eterna) tiene muchas formas de manifestarse a las personas.
Algunas veces habla al corazón directamente, otras veces se ayuda con mensajeros: sacerdotes, pastores, familiares, vecinos, la naturaleza, los ángeles... Y cada vez que habla su mensaje trae paz y libertad.

De estos, el mensajero más sutil es aquel que está a mi lado y me ama y me recuerda la Fuente de la que provengo y soy parte. Cada vez que mi vida se tambalea recibo una mano de Amor (o muchas) extendiéndose en mi ayuda. Cada vez que hiero a alguien (queriendo o sin querer) siento el dolor en mi propia piel, y siento el deseo de ser perdonada, y cuando recibo tal dicha me veo en el compromiso profundo de perdonar toda deuda de otros. Cada vez que alguien me ofende o me amenaza, hay otro que me abraza y el perdón al primero me sana a mí. Entonces, me voy dando cuenta de que realmente somos un solo cuerpo, y que mi ser trasciende y se hace parte de todos los otros seres hechos a imagen del Amor, en esos momentos resucito en los demás.



Así, la obra de Jesús se torna, no en una carga de responsabilidades y reglas, sino en una consciencia de unidad y de Amor: una simple existencia en la realidad en la que todo lo que hago con el otro se lo hago a mi propio ser, y la dicha de saber que nunca he estado ni nunca estaré sola ni vacía porque donde esté el otro ahí también estoy yo.

Así pues, las otras personas son parte de mí ya sea que yo me deje acompañar por ellas o no. Y puedo vivirlas con consciencia o puedo ignorar su existencia dentro de mí, pero al final, lo que es real es que esas personas me constituyen, y lo mejor que puedo hacer es crecer en Amor con ellas para crecer en Amor por mí.

Hoy en mi país estamos a las puertas de las Celebración del Domingo de Resurrección y de las Elecciones por la Presidencia de la República. Hemos tenido semanas de una dura contienda social; de palabras y opiniones fuertes sobre temas sociales, morales y religiosos que se han mezclado de formas diferentes en la campaña política. En el mismo momento de ejercer nuestro voto presidencial, quienes celebramos la resurrección de Cristo, supondríamos una reflexión sobre esta necesaria resurrección nuestra en el amor a las demás personas. Al final del día, alguno será presidente, el gobierno seguirá su curso y el poder corromperá a algunos como es natural; y al resto, ¿qué nos depara?, ¿una vida con consciencia de unidad o el resentimiento y dolor que nos hemos provocado a nosotros mismos tratando de herir al “otro-que-soy-yo”?, ¿la muerte de nuestra consciencia espiritual o la resurrección en el Amor?

Hoy mi oración a Dios es por un milagro de Amor para mi país, un milagro de unión y paz, un milagro de resurrección.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Desafío de Amor

Estoy viendo Animal Planet. Cuando estoy estresada es una maravillosa forma de soltar el día, porque veo cómo la naturaleza es un reflejo de la maravillosa luz de la Divinidad Creadora. Me enamoro rápidamente de la perfección del ciclo de la vida y descanso en la idea de que mi tiempo y mi propósito en la Tierra son perfectos y serán cumplidos sin esfuerzo, así como una rosa da su aroma sin planearlo. La rosa es. El leopardo es. Yo soy.
Pues hoy estoy viendo un programa de los desafíos de los animales cazadores para sobrevivir en los diferentes tipos de entornos del planeta. Cada tipo de ecosistema presenta un diferente desafío para obtener alimento y sobrevivir. 
El locutor dice: "Los depredadores necesitan estar en perfecta conexión con su presa y con su entorno para poder sobrevivir". Según yo, esto es igual a decir que para sobrevivir en el entorno en que nos tocó nacer debemos conocer este entorno y conocer nuestro objetivo fundamental de supervivencia.
Los leopardos, los ñues, los delfines saben quiénes son, dónde están, qué necesitan alcanzar para sobrevivir y cuál es el desafío que deben vencer para alcanzarlo.
¿Y yo?, ¿será que yo también lo tengo claro? Veamos:
1. Sé que yo soy un ser humano, que soy mujer y que me encanta serlo. 
2. Sé que vengo de la Fuente de Luz Divina y que vine para aprender a reconocer lo espiritual desde lo material y, así, conectarme con el Amor (que es espiritual) para materializarlo en acciones de cuidado a mí, a mi entorno y a los seres que me rodean, que son parte de esa misma Luz (de ese mismo Dios) de donde yo provengo.
3. Sé que mi desafío para sobrevivir, entonces, es AMAR  a pesar de las circunstancias de odio, intolerancia, abuso, avaricia, violencia y cualquier otra más fácil o más difícil de enfrentar. 
4. Y sé que cuento para ello con mi habilidad de ver bondad, justicia, misericordia, compasión, perdón, generosidad y cualquier otra buena cualidad en los demás, en mí y en todo lo que nos rodea. Es decir, que si encuentro a Dios en todo esto me es más fácil Amar.
Y si parece que estoy tan clara con respecto a mi desafío o propósito de existencia, ¿qué es lo que hoy me agobia tanto que me hace huir de mi entorno inmediato a mi programa de televisión? Pues que yo he vivido con el deseo de que todos busquen ese amor incondicional, y ahora quiere entrar a mi país un nuevo movimiento político teocrático que desea imponerle condiciones al Amor.
El Amor es voluntario y me duele y me alarma la herejía de tratar de imponerlo. Peor aún, me enfada e indigna la idea de que algunos crean que su forma de Amor es la única real y "permitida". ¡Cuánto se puede deformar la consciencia espiritual de Dios y del Amor como para creer que se puede meter al Ser Divino en un molde!
Mi frustración hoy me hizo escribir algunos reproches en mis redes sociales para ver si alguien comprendía mi angustia y se aliaba conmigo para despertar consciencias.
Luego, me rendí y enciendí el televisor, y vi  la introducción del programa y la pregunta "¿cuál es el desafío?"
Me respondí: Mi desafío es amar. ¿A quién? Al político oportunista (al religioso y al que solamente busca un buen negocio), a los feligreses de corazón sincero que quieren que se imponga su estilo de Amor, a los que viven otras clases de amor y se sienten rechazados y ofendidos por los primeros, a los que oponen resistencia a la amenaza de libertad, a los que estudian y entienden, a los que no estudian tanto, a los que ofenden, a los que defienden, a los que callan... a todas las personas.
¿Cómo amo a todas las personas?, ¿cómo hago justicia en esto?
Para responderme, recordé un versículo de esa Biblia que unos quieren imponer con interpretaciones a conveniencia, esa Biblia que a mí me llegó un día con libertad y que yo quise leer con ojo crítico y así me enseñó a Amar:
"La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra y la justicia mirará desde los cielos". (‭‭Salmos‬ ‭85:10 y 11)
Esto es lo que interpreto de ese texto:
Si yo hablo con verdad desde la tierra donde vivo, el cielo me hará justicia en ese esfuerzo de amor a todos; esa verdad hablada con misericordia (con consideración a los sentimientos del otro) producirá frutos de justicia y paz.
Por esto, sin ofender a mis hermanos(as) (mis hermanos(as) son todas las personas que me rodean), hoy digo con amor mi verdad, en espera de que los cielos hagan justicia: Digo que la ética cristiana no debe ser parte del gobierno, ni de la política, ni de la ley, porque esta es una ética que se vive por amor, de manera voluntaria y si no pierde su mérito ante Dios y la creación. 
Sí, hay que dejar que el pueblo peque si quiere, y atraer al Amor solamente con Amor. Sólo el testimonio de las vidas que se llevan Amor puede provocar esta atracción. ¡No se puede obligar a Amar, ni se puede obligar a hacerlo de una forma específica!
Y hay dejar que sea Dios quien juzgue, porque somos seres falibles, nuestra idea de lo que es el Amor podría estar equivocada, o podría ser incompleta. Dios nos va guiando y su única solicitud es que Amemos de la mejor manera en que podamos sin juzgarnos. Él es el único juez, Él es Amor.
Amemos, cuidemos, ofrezcamos nuestra mano amiga, pero no, no, no convirtamos a Dios en un negocio político que le quita todo el mérito al mensaje de gracia de Jesús.
Amar en libertad es nuestro más grande desafío.

lunes, 12 de marzo de 2018

Historias de Amor Veraz

Historias de Amor Veraz
Por María Antonieta Campos
12 de marzo de 2018

Son tan distintas las formas de amor, son distintos los vínculos pero una razón común.



Historia 1: La de mis padres
Me crié en una familia tradicional integrada por un padre y una madre que se aman, con un hermano mayor y una hermana menor; yo elegí ser la del medio. Así lo he tenido todo. Mi padre y mi madre se amaron desde su adolescencia, y su camino de 48 años casados no ha sido ni fácil ni insoportable, ha sido un camino lleno de situaciones de vida que resolver. Ambos dicen que han logrado estar juntos porque cada vez que fue necesario alguno de los dos asumió con compromiso el cambio que debía hacer para ajustarse. Mi padre está pensionado, mi madre trabaja tiempo parcial, están resolviendo la construcción de una vida de edad madura.

Historia 2: La mía en el presente
Me desarrollé entre la llamada generación X, cuando llegamos a la edad de 30 años la mayoría de excompañeros de colegio se habían casado y divorciado. Algunos se habían vuelto a casar y la mayoría tenían hijos.
Yo no me casé sino hasta los 38 años. A los 30 ya había tenido muchas relaciones de noviazgo complicadas. En cada una terminaba porque me sentía tratada como una mujer altamente conveniente para esposa, pero en mi esencia de persona no me sentía tan valorada o amada. Algunos me decían que yo era demasiado exigente buscando amor.
A los 36 me encontré con el que ahora es mi marido, y sí, me siento muy amada y valorada por ser quien soy.  Mi vida no gira en torno a él, ni la de él en torno a mí; sólo caminamos juntos de la mano sabiendo que cada día hay que pensar si nos comprometemos a ser pareja un día más, y hasta ahora, lo hemos hecho.
Algunos días me pregunto si podremos lograr lo mismo que mis padres, llegar hasta viejitos juntos, llevándonos bien, dejándonos ser, viviendo en libertad, amor, respeto; siendo compañeros iguales en valor y merecimiento dentro de la relación. Eso espero, para eso me casé y me vuelvo a casar cada día.

Historia 3: La de mi amiga divorciada
Vivieron 15 años juntos, como una familia “perfecta”, dos esposos que llegaron a acuerdos sobre la vida, sobre tener hijos, sobre tener un negocio, sobre trabajar mucho juntos y sobre que ella cuidaba a sus hijos, hacía la comida, y atendía el hogar en lo que quedaba de tiempo. Un día ella descubrió que él le era infiel.  Con el corazón desagarrado mi amiga puso un límite y le dijo: No más.  Si usted quiere hacer un cambio, buscar ayuda terapéutica y comprometerse conmigo se queda y si no se va. Él se fue con una chiquilla de la mitad de su edad. Ella tenía dos hijos que cuidar y su abogada le recomendó no abandonar el negocio.  Ellos trabajan juntos todos los días, sólo hablan de negocios, él no ve a sus hijos porque no quiere, ella es la madre más feliz y realizada por todo lo que está logrando. Él se la está perdiendo. Ella sabe amar.

Historia 4: La de mi amiga la que sufrió mucho con su exmarido
Ella se vino desde las muy lejanas tierras nórdicas con él, quien había ido a estudiar allá. Se casaron y decidieron vivir lejos del hogar, la patria y la cultura de ella. Ella tuvo a sus hijos y fue una “buena” esposa: Atendió a sus hijos, atendió a su esposo en todas las tareas del hogar, y trabajó hombro a hombro con él en un negocio de los dos. Ya con sus hijos adolescentes descubrió que él tenía un amante (uno, no una). Ella le dijo que tenía que irse. Para esto no hay terapia, la homosexualidad no es una enfermedad; la mentira, por cierto, sí lo es: es una enfermedad social.  Ella sigue trabajando en el negocio; la misma historia del caso 3: Las mamás no abandonan la responsabilidad del cuido de los hijos, ni tienen por qué abandonar lo que es de ellas. El pueblo donde viven le ha pedido que perdone al marido, a su familia en el extranjero no le ha contado de su divorcio, sabe que no la aprobarán.  ¿Es amor casarse para toda la vida o es amor vivir en la verdad? Sus hijos observan la valentía de una madre que defiende el compromiso en honestidad.

Historia 5: La de mi amiga la que perdonó
Ella tenía unos 15 años de casada cuando descubrió que él le era infiel. Se armó de fuerza y lo confrontó, le dijo: Si te quieres quedar tienes que cambiar, pero tiene que ser sólo si quieres estar conmigo, por los hijos no. Él cambió. Están trabajando juntos, tienen un negocio. Ella lo perdonó pero exige lo que antes no exigía, él ahora se esmera por demostrar que merece estar allí. Ahora, dice ella, que tiene un compañero, que cocina y atiende a los chicos cuando ella trabaja, que se esfuerza para para que todo esté bien, que cuida lo que sabe que puede perder. A ella le cuesta olvidar y la herida aún le duele a veces. Sus hijos conocen la historia, han aprendido a valorar a su madre, han aprendido que el amor no está garantizado a menos de que cada día se establezca y demuestre un compromiso mutuo.

Historia 6: La de quien fue infiel y se arrepintió
Ella era una joven casada, cargando una historia difícil que tenía que resolver. Tenía mucho dolor y se hundía en la soledad de su silencio.
Un día alguien que no era su esposo, le habló con dulzura y la entendió, y ella abrió su corazón. ¡Pero si su marido era muy bueno!,  sólo no había descubierto el terror que abrumaba a la amada por las noches. ¿Cómo es que estando tan cerca a veces no se siente el corazón del otro?
Pobre muchacha, sin darse cuenta estaba enredada entre dos corazones, entre culpa y dolor porque en cualquier caso tendría que lastimar a alguien para recuperar su paz y para establecer justicia.
Dejó a quien anhelaba ser su amante, y aquél no la entendió. Pero ella amaba a su esposo, amaba el compromiso que aquél le demostraba, y amaba ante todo la verdad.
Su verdad es ahora el silencio, no le contó a nadie sino sólo a su psicóloga y empezó a reconstruir las bases de amor que una vez estuvieron falseadas. Su verdad no ha sido contar su error, sino corregirlo; su verdad ha sido comprometerse a amar con fidelidad, y dar a su esposo y familia sus sentimientos profundos y construir con ellos y no con nadie más: Donde pones tu atención y cuidado ahí es donde crece el amor.

Historia 7: La de quien ya no estaba enamorada
Se había casado joven, había tenido varios hijos con él. Un día decidió que no estaba enamorada y pidió divorciarse. Si le preguntas por qué se divorció dice que no sabe, simplemente un día no tuvo más amor.
Ella siempre fue una madre responsable y amorosa, él también. Los hijos crecieron, unos días en la casa de ella, otros días en la casa de él. Todos son adultos de bien, aman y se dejan amar.
Ella se casó años después. Si le preguntas si está mejor, sólo te dice: Cuando eres mayor, buscas cosas diferentes, aprendes a quedarte donde estás bien.
Conozco a pocas personas tan llenas de bien y amor. Ella ama desde su verdad.

Historia 8: La de quien enviudó
Él era el novio de mi amiga en el colegio. Un muchacho guapo, simpático, amable y de un trato excepcionalmente respetuoso a la mujer. Un día terminaron. Años después él se casó con otro hombre, uno que dedicaba su vida a hacer obras de bien; él decía que sólo allí había encontrado una bondad genuina.
Hace poco el esposo murió. Lloro mucho por mi amigo, lo veo sufriendo un duelo profundo por amor.

Historia 9: La del hombre noble
Un día llamó a su familia y dijo que iba a divorciarse. Aún nadie sabe por qué; a él le parecía patético eso de andarse quejando de la exesposa. Se sabe que ella acosó, molestó, exigió, menospreció y socavó la autoestima; se sabe que la familia de él menospreció su cultura y su valor. Pero él nunca se quejó.  Hizo lo que tenía que hacer por defender su verdad (aunque no la contó), se divorció sin difamar, y así calló de amor.

Historia 10: La de quien lloró su pérdida
Se casó muy joven con un hombre algo mayor que ella. Y se amaban y peleaban y discutían y las cosas no siempre andaban muy bien. Pero un día él enfermó. Al tiempo murió, todavía a una edad en la que uno no espera que las personas mueran. Todas las personas deberían partir viejitas,  saludables y en paz, ¿verdad? Ella lo ama y lo llora. En su duelo le expresa el amor. Yo sueño que él llega y la acaricia por las noches, le da su bendición para que reconstruya una vida de amor y de paz.

Historia 11: La de una bailarina
Ella baila con tal gracia y sentimiento, no es maestra y sin embargo baila como si hubiera nacido para comunicarse bailando. Expresa que es mujer y que ama y se deleita con otra mujer. Siempre he admirado esa energía limpia que despide cuando gira, esa fuerza natural que dice que hay que ser lo que se es. Ella, la que apasiona por los temas sociales, por la defensa de las minorías, por las guerras cercanas a su país de origen, por los derechos humanos, por el bienestar de las mujeres, transformó mi mundo con su baile y me hizo admirar toda forma de amor veraz. Baila, y en su baile derriba los prejuicios y los odios. ¡Cuánto bien nos hace a todos ese amor!

Historia 12: La de las dos mamás
Un día llegué a su academia de danza y me abrió la puerta su mamá. Volví al día siguiente y empecé clases con ella, la maestra. Contaba cómo su mamá le había enseñado todos los pasos que cuidadosamente ahora practicábamos. Un día con lágrimas en los ojos contó cómo su mamita murió en accidente de tránsito, cómo se fue de repente y cuánto le costó, y cómo esa experiencia la llevó a bailar. Yo no soy muy rápida para captar algunas ideas sutiles, ¿le pregunté quién era la señora que me abrió la puerta? Sólo dijo, “es que yo crecí con dos mamás”.  Esa, la otra mamá la atajó y la cuidó ante la partida de la primera. "Cuánto le agradecí aquel amor", dijo ella. Mi amiga tiene aún ese amor de mamá.

Historia 13: La de la mamá que adoptó y después quedó embarazada
Me contó cuánto había intentado quedar embarazada. Después de años de intentos y pérdidas,  su ginecólogo le recomendó adoptar. Un día este médico le avisó que una mujer estaba embarazada y no quería a su niña, que si estaría dispuesta a adoptarla. Ella dijo que sí muy ilusionada; empezó a pagar las consultas y el cuidado de la salud de la madre biológica; luego aquella desapareció, y ella asumió el caso como una nueva pérdida. ¡Cuánto cuesta a algunas personas llegar a donde quieren!
Un día la llamaron y le dijeron que la señora estaba en labor de parto. Ese día mi amiga fue mamá.
Un par de años después quedó embarazada. Ama a los dos, cuida a los dos, dice que no  hay diferencia entre ninguno y así se le ve. La joven sabe que fue adoptada, su hermano también lo sabe. Se aman igual. Eso es amor veraz.

Historia 14: La de los hijos revueltos
Él se casó joven con una mujer a quien cómo él le gustaba la fiesta y algunos vicios. Tuvieron un hijo, luego ella lo dejó. Ella vivió con otro hombre por  un tiempo y quedó embarazada. Luego ella se quedó sola. Su marido, que nunca dejó de amarla quiso volver. Él adoptó al muchacho, lo amó como suyo, realmente fue suyo. El matrimonio se disolvió tiempo después y él cuidó a ambos hijos con el mismo amor. Ella dejó los vicios y empezó una vida naturista y más tranquila.
Años después él se casó con otra mujer y tuvo dos hijos más. Llevaban un estilo de vida ampliamente opuesto, esta era una mujer de iglesia y clase social alta. Para una madre las normas y la moral, para otra la libertad y la paz. Se llevaron bien, todos los hijos fueron amados y se llevaron bien.
El papá ya no está, los cuatro hijos, se visitan, llegan a acuerdos y se aman.

Historia 15: La de la mujer que se ama a sí misma
Ella tiene más de 35 y no se ha casado. Algunas veces quisiera una pareja. Es hermosa, inteligente, tiene un buen puesto, es profesional, tiene casa propia, carro, independencia y, sobre todo, tiene un corazón de oro y valores humanos intachables. No le pasa nada malo. No se ha casado porque no ha encontrado quién se merezca su amor. El amor veraz que ella tiene, es que se ha valorado a sí misma.

Como estas hay millones de historias, tantas como seres humanos hay.  El amor no puede ser encajado en un molde, sólo sabemos que es amor cuando es veraz; y si correcto o incorrecto, bueno o no tan bueno, el del mejor camino o el del escabroso... de todo eso no nos toca hablar; porque solo el que se sienta en el Trono conoce el corazón y su esencia, y a mí lo que me ha pedido es que yo ame por gracia como Él me amó a mí.

lunes, 13 de marzo de 2017

¿Y qué si te equivocas?

¿Y qué si te equivocas?
Por María Antonieta Campos Badilla

¿Y qué si te equivocas? ¿Qué importa si cometes un error? ¿Qué de malo o extraño hay en no ser perfecta? ¿Acaso hay alguien que sí lo sea?
¿Y qué si te equivocas cuando los demás no lo han hecho? ¿No se aprende más del error que del acierto?
¿Cuánto importaría -cuánto impactaría- si reconocieras que no supiste cómo actuar o cómo resolver? ¿Cuántas puertas se abrirían si dijeras que aún no has comprendido? ¿Cuán alto podrías llegar si decidieras quitarte de encima el peso de ser perfecta?
Estoy hablando de esos pesos emocionales de perfección que te impiden trasladarte con fluidez en el campo de la vida. ¿Cuánto realmente pesa el caerse, o el confundirse, o el no llegar a tiempo, o ni siquiera llegar, o no saber qué decir o decirlo mal?
El peso real de las acciones humanas “incorrectas” es el valor que tú le has dado a la “equivocación”. Entonces, la pregunta oportuna sería ¿cuánto valor le has asignado a esta acción y por qué se lo has asignado así?
¿Qué lleva a las personas a igualar su valor inmensurable al resultado de una acción medible y falible?, ¿qué las hace sufrir desmedidamente cuándo no cumplen con sus propios estándares de acción? Eso es, para mí, “vender la primogenitura por un plato de lentejas”.
Si fueras un diamante sabrías que vales mucho independientemente de que sobre ti hubiera tierra, cenizas o carbón. ¡Pues vales más, mucho más que un diamante! Tus acciones no aumentan tu valor ni lo disminuyen porque hay un solo valor para todos; el mismo valor para cada persona.
¿Te ensuciaste? ¡Límpiate! Pide perdón, perdónate, aprende y busca hacerlo mejor la próxima vez.

Entonces, si puedes hacer bien, ¡hazlo!, pero no con la falsa idea de que por tus buenas acciones vales más. Nunca valdrás más que lo que vales ahora (¡eres invaluable!), nunca podrás valer más de lo que valen los demás. En consecuencia, tampoco puedes disminuir tu valor al cometer un error.
Si no puedes hacer las cosas tan bien como quisieras, esfuérzate y aprende. Pero no sufras ni hagas sufrir a los demás con tus exigencias. Disfruta el proceso.
Todas las acciones encomendadas en tus manos son temporales, y en ellas se espera que yerres, que construyas y deshagas, que intentes, que corrijas, que aprendas, que perfecciones, y que hagas todo esto con amor.


“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. (II Corintios 12:9)

martes, 14 de febrero de 2017

Resolver emociones

Resolver emociones
Por María Antonieta Campos Badilla

En diversas ocasiones he mencionado el hecho de que las emociones se resuelven cuando las dejamos estar presentes, cuando nos damos un momento para sentirlas. Para algunas personas, esto es sencillo. Pero con frecuencia recibo la respuesta de que da mucho miedo sentir y perder el control.
Una pregunta existencial importante que tendríamos que hacernos es: ¿perder el control de qué? Quizás algunas personas quieren decir que tienen temor a “perder la capacidad de mantener una conducta socialmente aprobada”, quizás sea exista el temor de “llorar y hacer muecas feas o sonidos que indiquen que se está en estado vulnerables”, o el temor de gritar y recibir la censura de quienes creen que las personas no deben manifestar su enojo. Tal vez exista el temor de “llorar tanto que no sea posible dejar de llorar después”, en otros casos, es más bien el llorar el que puede ocasionar esa sensación de pérdida de control pues sería posible que entonces ya no se reciba la atención deseada o necesitada.
Los pensamientos que sustentan este temor pueden ser infinitos y muchos pueden ser irracionales. Pero entonces hay una tarea sencilla que se puede realizar antes: Buscar un momento, un espacio (físico y de tiempo) y una compañía que nos ayuden a estar a salvo mientras sentimos. Por sencillas que parezcan estas recomendaciones, para quienes tienen mucho miedo de animarse a percibir su propio lenguaje afectivo, estas pueden resultar muy útiles:
1.       Ponga un horario para sentir: Pueden ser unos 45 minutos de meditación, enfocada en las emociones.
2.       Busque un lugar privado, relajante, cómodo, seguro y agradable para usted.
3.       Respire despacio y profundo, por unos minutos, sintiendo su entorno.
4.       Respire despacio y profundo, por unos minutos, sintiendo cada parte de su cuerpo.
5.       Respire despacio y profundo, un tiempo más, sintiendo las emociones que se manifiestan en lo interior de su pecho o de su mente. Mientras lo hace, deles un nombre, deles un lugar dentro de usted. Déjelas permanecer allí hasta que quieran irse, cambiar o reacomodarse por sí mismas; o entréguelas a la divinidad o al ser en el que usted tenga fe para su bienestar.
6.       Respire profundamente y dé gracias. Dispóngase a levantarse y continuar.

Si aún este ejercicio parece complicado, le presento uno más sencillo:
1.       Ponga un horario para sentir: Pueden ser unos 45 minutos para pintar (pueden ser mandalas o creaciones libres), bailar o tocar algún instrumento musical.
2.       Busque un lugar privado, relajante, cómodo, seguro y agradable para usted.

3.       Respire despacio y profundo, por unos minutos, percibiendo los colores, las formas, las notas musicales.
4.       Respire despacio y profundo, por unos minutos, sintiendo los movimientos de su cuerpo en relación con esos colores formas o notas musicales; déjelos fluir en libertad.
5.       Respire despacio y profundo, un tiempo más, sintiendo las emociones que se manifiestan a través de su creación; déjelas fluir hasta que sienta que las ha descargado en el papel, en el entorno o en la divinidad.
6.       Durante el proceso trate de darle un nombre a esas emociones; si no puede hacerlo, inténtelo después de terminar.
7.       Respire profundamente y dé gracias. Dispóngase a levantarse y continuar.
En los dos casos, si lo necesita para sentirse a salvo; invite a una persona de su entera confianza a acompañarle. Además recuerde: nada es para siempre, lo que ahora parece incomprensible se resolverá con el tiempo.

Dése un abrazo o abrace a quien quiera, usted lo merece. Un abrazo suyo será un abrazo de la divinidad y de toda la creación a la vez.

lunes, 13 de febrero de 2017

Rutinas para afrontar los duelos

Rutinas para afrontar los duelos
Por María Antonieta Campos Badilla

Las pérdidas afectivas importantes suelen conllevar cambios de vida. Al mismo tiempo, los cambios vitales, en general, también implican un proceso de duelo y, por lo tanto, dolor, desasosiego, incertidumbre, enojo, ansiedad, temor, confusión; sobre todo, nos demandan un gran gasto de energía en el esfuerzo por acomodarnos a una nueva vida. Entiéndase por cambios vitales todos aquellos referidos a un cambio en la rutina y estilo de vida; por ejemplo, un cambio de trabajo, una pensión, una mudanza, un divorcio o ruptura amorosa, un matrimonio, tener hijos, perder a alguien querido, etc.
Durante un duelo es importante tomar tiempo para reconocer nuestras emociones porque estas tienden a ser intensas, cambiantes y ambivalentes; podemos sentir alegría y tristeza, o enojo y alivio a la vez; podemos pasar de la risa al llanto en un instante; podemos sentir un intenso dolor físico de tanto dolor emocional.

Los duelos suelen resolverse con el tiempo; pero se resuelven de forma más sencilla si sabemos qué está ocurriendo dentro de nosotros y qué hacer.
Por ejemplo, las emociones se resuelven sólo cuando les damos lugar para expresar el mensaje que nos traen: nos dicen cómo ha impactado adentro aquello que ocurrió afuera. Entonces, es importante darnos un tiempo para reconocer, sentir conscientemente y aceptar las emociones por lo que se ha perdido.
También hay una parte de los duelos que se resuelve con el accionar: Un tiempo diario para observar el mundo, para ver lo bueno que hay en él, para dar gracias por eso que es bueno y empezar a movilizarnos en ello. El movimiento también sana.
Entonces, no se trata sólo de esperar, hay cosas que podemos hacer para estar mejor. Como en todo, el equilibrio tiende a ser la clave.
Me gusta proponer a quienes vienen a mi consulta que organicen su día en seis tiempos:
1.       Un tiempo dar gracias por lo nuevo al amanecer y para expresar nuestras expectativas y emociones sobre el día que está por comenzar (de preferencia, antes de desayunar).
2.       Una mañana activa, llena de movimiento: caminar, trabajar, crear, mover, ordenar, limpiar; aquello que el día nos permita, lo que sea siempre y cuando implique moverse, sin olvidar el consumo de una refrescante fruta a media mañana.
3.       Un momento para relajarnos al medio día (antes o después del almuerzo), para volvernos conscientes de nosotros mismos, para sentir el entorno, el propio cuerpo en ese entorno y la respiración. Un ratito para respirar despacio y profundamente sin pensar en nada más que en cada inhalación y exhalación. Un ratito para dejar que nuestras emociones se expresen dentro de nosotros mismos con cada respiración.
4.       En la tarde, combinar el trabajo con la vida social; por ejemplo, programar reuniones, escribir cartas, contestar correos, trabajar con algo de música, acompañarnos de alguien a la hora de la merienda, o, por lo menos, chatear un poco sin distraernos del todo del trabajo. Para mí esto es, convertir el trabajo en algo que se hace como parte de nuestro rol en sociedad, es parte de lo que da sentido a nuestras acciones y es lo que permite construir el sentido de pertenencia en los grupos y equipos de trabajo: Somos seres sociales que trabajan para mejorar la calidad de su vida en vinculación con otros, no somos máquinas de producción: no hay que perder nuestro sentido existencial.
5.       Media hora antes que termine nuestro día laboral, recomiendo cerrar con un registro de todo lo logrado (esto nos da satisfacciones que comienzan a llenar los vacíos del cambio que experimentamos) y una lista de pendientes para el próximo día laboral, una lista que se escribe y se entrega a la divinidad (a la fuerza que mueve el universo). Se entrega para no llevarla a casa ni a otros lugares en donde no debe andar. Al hacer esta entrega no tendrán que pasar la noche cargando con el peso de solucionarlo todo desde su mente; se irán a casa con la consciencia de que hay una fuerza mayor que tiene control de los tiempos y lo sucesos.
6.       Llega la noche y es la hora de soltar el futuro y de reusarnos a pensar en él, de centramos en el presente: (a) en lo que sentimos que no nos daña sino que nos permite dimensionar las pérdidas sufridas y (b) en lo que podemos disfrutar y que le puede aportar algo de sentido y gracia a nuestro diario vivir, por ejemplo, el arte, la cultura, la recreación, la danza, el tiempo en familia, las salidas con amigos, el amor y la pasión, acompañados de una cena ligera pero sabrosa al paladar.
Simplemente se trata de que organicemos nuestra agenda diaria en seis momentos que son fáciles de recordar.
Entonces, podemos sentir (llorar o enojarnos si es necesario) y aceptar que hay algo que nos hace falta y podemos hacer (mantenernos activos); y en el camino también podemos reconocer: Con cada cambio vital también vienen nuevas oportunidades, nuevas esperanzas, nuevos recursos que se amarran con lo que no hemos perdido. Nos ayudará mucho reconocer y aceptar lo bueno que viene a nosotros, aceptar la mano amiga, el cariño y cada pequeño deleite que nos traiga la vida.

Lo demás lo da el tiempo y el sueño, muchos días de ser perseverantes en nuestra rutina, muchas noches de dormir bien (con o sin ayuda); el tiempo y el sueño suelen resolver en nuestra mente aquello que no podemos comprender o aceptar.